viernes, 31 de diciembre de 2010

GRACIAS







Todos hacemos cosas que no sabemos cómo van a ser recibidas. Igual con un desaire, con un simple gracias, o con el más absoluto de los silencios. El camino que cada persona elige ante un detalle por parte de otro es como bien lo dice la palabra muy personal. El miedo a lo desconocido está presente en cada experiencia que iniciamos incluso a pesar de querer realizar eso que estamos haciendo.


Esta Navidad, mi profesora de piano me propuso acompañarla en dos pequeñas salidas para llevar música a momentos complicados y difíciles, en los que las personas que los viven, tienen que esforzarse diariamente, por continuar en la lucha, por seguir adelante con su situación a cuestas.

La sala donde reciben quimioterapia en el hospital fue el primero de los destinos. Allí nos presentamos las dos, ella con un teclado y su saber de muchos años en la música y yo con mi voz. Íbamos vestidas de caseras y nos miraban mientras montábamos el chiringuito. Los villancicos fueron los protagonistas de la velada. Después de cada canción se escuchaban aplausos y los “gracias” sonaban por toda la sala. Los reposabrazos de las butacas eran golpeados siguiendo el compás de la música. Acompañantes y enfermos con veneno entrando por sus venas nos escuchaban. Las enfermeras y auxiliares, nuestras cómplices. Para nuestra sorpresa nos sacó fotos la encargada de comunicación del hospital.

Cuando terminamos se acercó a nosotros una de las enfermeras, solicitando que fuéramos a planta. En el fondo del pasillo, junto a una pequeña sala de espera comencé a cantar. Las puertas de las habitaciones empezaron a abrirse y a salir pacientes. Se me hacía un nudo en la garganta. De una habitación cercana salió un hombre con un pijama de rayas, delgado, con la piel tan blanca como la nieve, arrastrando un perchero del que colgaba un gotero. Decidió acompañarnos.

Mi profesora me miraba y yo la miraba a ella, porque las dos estaban viviendo una experiencia tan gratificante y enriquecedora que sobraban las palabras. Mi nerviosismo, que en ocasiones me juega malas pasadas había desaparecido y mi voz volaba, volaba porque por dentro la que estaba dando las gracias era yo.

Al día siguiente junto con otra alumna de piano formamos un trío. Es alumna de piano como yo, pero con la peculiaridad de que es profesora de violín. Además mi hijo cantó a mi lado. Fuimos a un centro de acogida de niños. Pequeños y mayores nos escuchaban, chiquillos que no pueden convivir con sus padres por diversos motivos, malos tratos, peleas entre los padres, por no poder mantenerlos, por enfermedad… Repartieron unos cascabeles y eran el acompañamiento perfecto. Sus caritas reflejaban la alegría del momento que estaban viviendo.

Alguien nos dijo que les habíamos traído la postal de Navidad en vivo, que era un regalo maravilloso.

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La vida nos arrastra a una muerte segura. Todos la sentiremos algún día, en la tristeza por la marcha de un familiar, en la expresión de la cara de un amigo, en la cara amarga de la enfermedad… Sólo nos queda sacar del día a día la alegría de seguir sintiendo, de sentirnos vivos, como esos enfermos cantando, como esos niños riendo, como tú que ahora vives la muerte de un ser querido y como yo que siento todo eso…

Gracias, por haberme dejado entrar en vuestros corazones a todos y cada uno de vosotros que ahora estáis sufriendo, por haber sido por un momento de paz y de sosiego, de risa, de canción o de llanto. Gracias, gracias, miles de gracias porque me habéis llenado por dentro.

 
 
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Con mis mejores deseos a todos los que me leéis, esperando que se colmen vuestros anhelos.
Un abrazo para todos y Feliz entrada de Año 2011.


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viernes, 24 de diciembre de 2010

A la luz de una vela






Enciende una vela. Porque si. Porque apetece.

Enciende una vela. Para tranquilizar el espíritu.

Enciende una vela y lleva la mirada a la luz que tilila. Entra en la luz. Vive el momento. Deja que te lleve a la quietud perfecta, solo en movimiento por el fuego reflejado en los ojos. Siéntate buscando la relajación de los sentidos. Mantén la espalda derecha y halla la mínima desazón para aplacarla. Siente únicamente el sosiego de dejar a los sentidos libres. Invítales a volar al mirar la luz que te alumbra. Escucha al silencio acompañado por tu pausada respiración. Que te atrape el descanso de tus músculos.

El humo se expande en volutas fantasiosas y tu mirada lo persigue. Disfruta el momento.

La vela. Pequeña luz de elegante atavío. Penetra en la minúscula lumbre encendida para acceder a la cumbre de la paz.

Respira más despacio. Puedes.

A la luz de una vela.



FELIZ NAVIDAD
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sábado, 18 de diciembre de 2010

Profundidad








¿Qué es para mí la escritura? ¿Por qué escribo?


Es un camino para sentir, para trabajar la mente, para detenerme a respirar. Hablando sobre el tema, me doy cuenta de que si no lo hiciera, algo terminaría. Creo que es la única forma que poseo de expresar profundamente ciertas sensaciones y emociones.

Escribir forma parte, es materia plasmada en tinta, es deseo inconformista unido al sentido de continuar en la vida por el camino que transcurre a mi lado, hace pocos años. Creo que es la antítesis de la esperanza, pero no es desespero, porque no espero.

Esperar por imprescindible, la muerte, la que a todos acude, la deseemos o no.

Lees y me preguntas. No. No puedo vivir continuamente reflexionando, ni encontrando respuestas, ni buscando soluciones. Sería como no apreciar todo lo que tengo todavía que disfrutar y sentir.

No puedo vivir, utilizando una expresión ofrecida hace poco, en un buceo constante, pero que sé que necesito sentirme en esa profundidad muchas veces, porque de habitar siempre en la superficie verdaderamente me ahogaría. Sé que me hundiría porque ya no llevo la vida que seguía hace años. Esa vida fluctúa, se transforma, cambia.

No te asustes, aunque puedas sentirme otra persona y te parezca una desconocida cuando me lees. Lo que creo es que siempre llevé esa inquietud dentro, la de expresarme así, la de profundizar así. Quizá no había encontrado el modo de hacerlo o no me había dado cuenta.

Creo que me parezco mucho a esa persona que celebraba su cumpleaños el mismo día que yo y que ella no encontró el camino y eso la hundió, la ahogó.

Sigo siendo la misma persona, la que montando en bici va acojonada, la que gusta de una buena charla, como las que solemos tener.

Porque aunque me sientas distinta, hay cosas que nunca cambian.
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jueves, 9 de diciembre de 2010

Baile y canto










Las hojas, en su otoño bailan.

Cultivando la danza que provoca el viento,
cantan rozando sus frágiles cuerpos
en continuos y crujientes círculos,
desplazándose sobre el frío cemento.

El barrendero, desesperado ante tanta fiesta
inútilmente las persigue.
Corriendo tras ellas, después de sudar un rato
atrapar y arrinconar algunas consigue.

Ahí viene en torbellino, el aire en movimiento
aparcando sus entes el obligado descanso.
Delirio para mí, pero no se lo cuentes,
que igual atraviesa la calle, escoba en mano.

Las hojas continúan el viaje, el espacio volando.





martes, 7 de diciembre de 2010

VIVIR Y MORIR








Hace ya algún tiempo alguien dijo:
"Dejad que los muertos entierren a sus muertos".
Hoy, salvando las distancias y el tiempo,
se me ocurre pensar:
Aquellos que viven muriendo sólo saben
hablar de la muerte. Los que viven la Vida
no hacen otra cosa que no sea cantarle.



Julio Conesa Alegre
del libro
Canto a la vida.


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Y así pasaste tu vida, cantando a la Vida.


Me queda darte las gracias. Por siempre.


Con mucho cariño.







domingo, 5 de diciembre de 2010

Aromas








Tu olor se cruzó ante mí
y se terminaron mezclando los aromas
de olor a limpia lavanda
y dulce perfume de amapola.

La almohada de tu esencia
para una vida huele notas de principio
mientras mi cara roza una piel
en la que el alimento es origen infinito.

Imagen calurosa de aumento de sabores
en la ternura abierta, bajo las caricias
destinadas a encuentros de sudores
cuyo instante termina siendo primicia,
de nariz y tacto, suspiro de olores.
¡Sáciame de ti, compaña mano querida,
y déjame darte esos que anhelas, roces,
para llenarte de redonda y plena vida!






lunes, 29 de noviembre de 2010

En construcción







Es fácil criticar,
porque quien critica a otros, no mira dentro.

Fácil cuestionar el afuera,
ya que haciéndolo no hay autoinculpación.

Es fácil dejar cerca desaprobaciones y chascarrillos
para no mirar donde se debe.

Porque el camino difícil
es eso, difícil y angosto
y mientras la facilidad del dejarse llevar
domine las necesidades,
no hay que lavar la conciencia.

Colocar cimientos de sentimiento armado
con buenas intenciones que resistan todo,
estructura de sensaciones,
y correctos y fuertes asientos de fortaleza
dan demasiado trabajo si lo que se busca
es el fácil sosiego y descanso.

Cuando lo bueno es construir,
en armonía de ladrillos y sinfín de intenciones.
Cuando lo fantástico es trabajar
en aquello que conduce a sentirse pleno.
Y sólo hace falta encontrar
lo que nos dirige a esa plenitud.





jueves, 25 de noviembre de 2010

Acceso total






No puedo mirar desde fuera, la objetividad sobre mi persona está fuera de toda duda. Lo que siento, lo siento y lo que no siento está lejos del día a día que vivo.


Podría mirarme en un espejo o en una fotografía pero terminaría sintiendo lo que pasa en ese instante o lo que sucedía en el momento de realizar la foto.

Porque sólo tengo acceso total a una mente, a una conciencia, a una lucha, a un mundo, a un pensamiento y a una subjetividad que me guía por allí donde me mueva, independientemente de lo que sientan o vivan otros.

Acceso total a pensar, a creer, a sentir, a luchar. Acceso total a crecer, acceso total a vivir.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Quietud










Duerme la tormenta, calla el trueno
y la luz se recoger a reposar la noche,
mientras las voces diurnas se rinden
a la dulce entrega del sueño.

Desde la ventana observo
los charcos de agua que se han rendido
a la expresión última de la tranquilidad.
Superficie de cristal en éxtasis.





miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hoy








El habitáculo es pequeño para mí. Apenas puedo moverme. Hace varias semanas que la situación es insostenible pero algo en mi interior me decía que tenía que esperar. En el fondo estoy a gusto. No paso frío y la comida que me proporcionan es de buena calidad. No puedo quejarme pero he de reconocer que estoy incómoda.


Sé que me quedan pocas horas aquí porque esta noche ha sido terrible. Ella se ha echado a dormir y no me ha dejado sitio. He empezado a revolverme y creo que se ha dado cuenta de que no puede dejarme por más tiempo dentro.

No sé donde estamos. Han salido corriendo y después de tanto trajín estoy un poco cansada pero no consigo dormir. ¡Qué nochecita! Ella respira y empuja, suda y hasta grita aunque creo que la que hace todo eso soy yo. Me resisto. Tengo tantas ansias por salir que me enfrento de cara con la salida. Por el agujero veo gente vestida de color verde. Nos rodean. Me asusto y vuelvo a esconderme. Escucho voces. Que si no sale, que si viene de cara. Para salir estoy yo. No me dejan echar una siesta y encima hay marcianos ahí fuera.

Pues si no es de una manera de otra. Le ponen una bolsa con vete a saber qué y se duerme y después le rajan la barriga. Y de repente me sale medio cuerpo por el boquete que han abierto. No dejan de mirarme. No me termina de molestar porque cada vez me siento más tranquila.

¡Puedo moverme a mis anchas! ¡Me estiro cuanto quiero!

De repente siento una sensación poco menos que caótica. Parece que me ahogo, algo no va bien. Me abren la boca, me la limpian y meten un bastoncillo de algodón por la nariz y ahí viene el aire entrando como un huracán por mis pulmones. Grito de alegría dando la bienvenida a la luz que mis ojos intuyen. Oigo, respiro, vivo.

Cuando mi madre se despierta, me reciben sus brazos. Sus caricias, las primeras que recibo, las primeras. Es su cumpleaños. Veintiseis. Menudo regalo que le hago y menudo me ofrece ella a mí. La vida que me acompañará hasta el último día.

¡Feliz cumpleaños, ama!


¡Feliz cumpleaños, hija mía!
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Me visto y me desvisto






El pijama de color azul turquesa con búhos de grandes ojos me acompaña al levantarme de la cama. Después de un desayuno caliente, me desvisto y me visto.

Voy con mi hijo a la parada del autobús y acto seguido a la masajista. Me desvisto y me visto cuando termina conmigo.

Regreso al barrio. Compro el pan. El supermercado no me espera pero las tareas de la casa, sí. Me desvisto y me visto.

Lavadora, algo de plancha, la comida. Como y me desvisto y me visto.

A trabajar. En el vestuario, me desvisto y me visto.

Al finalizar la jornada laboral, me desvisto y me vuelvo a vestir. En medio una ducha rápida.

Retorno a casa y allí me desvisto y me visto.

Después de cenar, un ratito de charla o lo que se tercie. Me desvisto y me visto.

La misma tarea casi todos los días. He visto que me visto y desvisto ocho veces al día, como en un tebeo. Podía haber ido a correr y sería otra más, o al médico a algún asunto.

Y al final termino con el pijama de color azul turquesa con búhos de grandes ojos.
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jueves, 11 de noviembre de 2010

Cada día











Cada día que transcurre
sorpresa de actitudes,
tránsito de colores dibujado a pétalos,
como las bien amadas flores.

Cada día se despereza el despertador
y se anima mi aliento,
porque sólo tengo problemas
si sigo insistiendo en querer verlos.

Los segundos mueven en arrebato
la rutina que encantada, canta.
Pintan de presentes extraños, la esperanza.
Cambiantes las estaciones, bailan.

Cada día transcurre el tiempo
de nosotros, tuyos y míos,
porque siento que esta vida
nunca terminará conmigo.

 
 
 

domingo, 7 de noviembre de 2010

Hojas








Las hojas se mueven. Bailan. Giran sobre si mismas mientras descienden de las ramas de los árboles. Parece que en un alardeo de orgullo pretendieran demostrar que aún les queda mucho por dar. Y dan, vaya que si dan. Durante ese otoño que todos los años viene rodeado de viento y lluvia, ellas ofrecen delirios de colores desde lo alto al suelo. Con el frío se duermen los árboles y tiran lo que les sobra en afán de descanso. Las hojas caen bailando una danza parecida a la del año pasado y sobre la hierba depositan su delgada carga en alfombra multicolor que se secará a medida que pasen los días.


El color del verano se marcha, abandona dejando paso a los rojos, naranjas, amarillos y marrones. Como en un lienzo, el otoño nos pinta de nuevo su existencia al ritmo del tiempo, al compás de la vida que ahora necesita sosegado reposo. Suena a chisporroteo de aceite en la sartén y, como música que rompe el silencio, crujen las hojas bajo los pies.

Huele a musgo, a tierra mojada cargada de sentido. La tierra que nos sustenta, esa tierra a la que caen las hojas.
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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Análisis de mercado







En la reunión sobre márketing,
se juntaron los grandes de la empresa.
El corazón, el cerebro y el cuerpo,
a los que se unieron los grupos que formaban
el resto de departamentos.

Todos juntos estudiamos el mercado a la vista,
ya que la competencia era muy dura.

Podríamos haber iniciado una técnica de acercamiento,
el trámite habitual en la mayoría de los casos,
pero nos terminamos remitiendo a la certificación
que nos había presentado el cerebro.

Los fondos que podía utilizar eran escasos
y los factores a tener en cuenta,
demasiado arriesgados para tratar de seguir adelante
con lo que había pretendido.

No podía permitirme el lujo de volverme a enamorar.

El exhaustivo análisis recién presentado
fue demasiado realista.
Me di la vuelta y regresé a casa.

A él, se lo ligó otra.

 
 
 

viernes, 29 de octubre de 2010

Gané







Después de pelearme con lo más fácil
tropecientas veces, vencí.
La observaba desde todos los ángulos posibles,
anhelando encontrar capullos de alhelí.

Todas eran posibles menos una.
Todas con futuro menos esa que negaba.
Todas, sabedoras de perfectas soluciones,
ilusas esperanzas que en vano esperaba.

Terminó la pelea cuando tomé la alternativa
que de repente y sin buscarlo me ofreció la vida.
Una frase que sentenció la larga espera
se movió, arrancando deseos y apagando penas.

Acepté el órdago y aunque no lo creas, gané.





miércoles, 20 de octubre de 2010

Igual de fuerte









Soy igual de fuerte
que el fantasma del castillo,
cuya figura etérea reina
en el cercano reino escondido.

Soy igual de fuerte,
aunque tú no me des permiso.
Sin que lo sientas, mis locuras
me acogen y acunan con mimo.

Soy igual de fuerte
y cuando me acobardo grito,
rompiendo coyunturas de ancestros
y arrinconando ritos.

Soy igual de fuerte
cuando enfrento prolongados retos,
entrelazando los dedos…
Tan fuerte como mi mayor miedo.






sábado, 9 de octubre de 2010

Oscuridad








La oscuridad atrae al descanso.
Es noche que envuelve en círculo
casas, camas, personas y sábanas.
Como en un abrazo perfecto,
la suavidad del algodón y la manta
empuja al sueño.

Mas si éste no viene,
la oscuridad se torna en tortura,
rencor de pensamientos
y rutina de pesares.

Es enfermedad de hospital,
incómoda almohada cuya existencia
no ofrece el buscado descanso.
Es tristeza embotada entre cuatro paredes,
la absurda repetición del insomnio,
pero la necesidad atrapa
y termina siendo ternura de terciopelo.

Es esa penumbra la que salta
en momentos de atractiva fiesta,
salpicado ocaso de fuegos artificiales.
Es encuentro envuelto, esa caricia del sueño,
saciedad relajada en silencio caliente.

Terminaría odiándola de puro asco
si viviera siempre conmigo
en ceguera perpetua, escondite perfecto,
por no ver la luz del sol,
ni la sonrisa de mi hijo.






martes, 5 de octubre de 2010

Hablemos de ....






Hoy no tengo sino dar las gracias a alguien que ha hablado conmigo. La sinceridad y el cariño con el que me ha explicado ciertos comportamientos de otras personas hacia mí, me alegra. Mucho.

No voy a explicarme en demasía porque no viene al caso. En la cuadrilla de chicas que nos juntamos todos los años por fiestas del pueblo, según de que cosas, hablamos sin tapujos. No nos importa, lo consideramos normal.

Hoy me he enterado que esas charlas que a mí me parece tan normales, delante de hombres no lo deben de ser tanto y que por detrás comentan esto o lo otro. No todos por supuesto. Para quien me ha hablado, le parezco una mujer que habla con naturalidad de temas que hace años eran tabú para nosotras, pero para otros debe ser que fardo o que me insinúo. Lo curioso es que ellos hablan de esos temas sin ninguna vergüenza y yo soy, la que debiera tenerla y como no la tengo, me critican.

No ha querido darme nombres. Que yo sepa, nunca me he insinuado a nadie que no considerara como algo serio en mi vida. Pero hay mentes calenturientas, según parece, unas cuantas, que deben decir que si lo hago y que después pego cortes cuando se me insinúan a mí. Igual es que tienen ganas de… Lo llevan más claro que el zapatero de Tarzán. Que se la restrieguen contra una pared. Si es de gotelé, mejor que mejor.

Me alegra saber lo que piensan muchos, es mejor así. Seguiré siendo yo pero sólo con quien he de serlo. Con el resto, ancha es…la vida.

Gracias al día en el que decidí cambiar la dirección del blog. Me alegro de haberlo hecho.

Y gracias otra vez a la persona que me ha hecho ver lo que lo que tenía que ver.

 
 

domingo, 3 de octubre de 2010

Movimiento








Escribo la palabra “movimiento”, “movimiento”, “movimiento”, hasta que lo veo, lo siento.


Mis párpados se abren y se cierran sobre mi mano que se arrastra sobre el papel, sujetando el bolígrafo del que la tienta galopa desbocada, sobre un blanco prado, que se sacia de las palabras que desbordan mi mente. Si me detengo, sólo lo hará mi mano mas continúo explayándome por dentro. El pecho sigue abriéndose al aire que penetra por la nariz y la sangre seguirá corriendo entre arterias.

Quietud mentirosa que sólo quiere engañarse a si misma sobre una verdad insondable que se desplazará cada milésima de segundo.

Movimiento. Instante único de roce con el aire, con objetos, con un árbol, con otro ser humano. Mi cuerpo abraza todo lo que me rodea para encontrar esa descripción del movimiento como siento querer hacerlo.

Movimiento infinito hasta que llegué el último día.



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martes, 28 de septiembre de 2010

Pintando







De las manos de un niño salieron todos los colores, colores limpios, tan transparentes que suenan a delirio. Tan suyos que ni parecen verdaderos.


Pintó el monte de tono parecido al de las ramas de los árboles, verdes los dos. El cielo intenso que se reflejaba en el agua, azul. Las nubes que se paseaban, blanquitas como ovejas y el sol que brillaba, amarillo limón. Los tejados de las casas, rojos y los troncos de los árboles, marrones como el chocolate que se comían las niñas vestidas de rosa. Los pensamientos y alguna que otra flor, morados, y negro lo justo, las largas melenas y los zapatos.

Con el tiempo cambió la manera de observar los colores.

El rojo envuelto en sangre ahogaba la negra rabia en campos de amapolas, donde el verde seguiría siendo el mismo verde, amplio, limpio, de hierba recién cortada, de húmedo musgo saciado entre corolas, rojas como la nariz de los payasos.

Por costumbre, el blanco, nieve de suave caída. Copos floreados, cadencia. Atrae al silencio que se instala cómodo entre el frío. Esquina de un hueco único.

Y siempre el cielo azul, aunque tenga nubes delante, tranquilidad arropada de estrellas aunque haya sol. Esperanza de mañanas con cada abrir de ojos, con cada amanecer.

Limones amarillos, energía desbordada. Abrir de manos, dar a borbotones, abrazos, suspiros de roces entre semejantes. Chispas de sinceridad, de alegría saciada.

Aurora de madrugones. Anaranjado amanecer. Recarga de esencia que nos rodea en cada iniciar el día.

En el marrón el protagonista siguen siendo los troncos de los árboles. Que bien le vienen los abrazos. El chocolate.

A la tristeza le prestó el morado, color unido al pensamiento que hay que tratar de aislar en un rincón. Los tonos de gris, mejor pintarlos poco aunque siempre están presentes. Se reparten la angustia, la desesperación, la mentira, la melancolía…

Y el rosa, para los chicles de fresa.

 
 
 

sábado, 25 de septiembre de 2010

La palabra












Aquí está todo. La palabra que sale ahora mismo de la punta del bolígrafo.


Escribo y en cada línea, el miedo a no llenar el papel se va disolviendo en la nada. Lo tengo todo, lo necesario para que se vaya formando lo que ya está escrito. En mi brazo deslizando mi mano se hallan la fuerza y las ganas que me lleven a seguir y en mi mente ese espíritu de querer hacerlo.

Está escrito. Lo que se ve y lo que se siente no hace falta buscarlo. Lo que se escucha, lo que se toca, lo que se saborea, lo que se huele. El hilo entre escribir y no hacerlo es finísimo, como el equilibrio que se acaba encontrando con el vivir. Ese filamento sutil y delicado que de tocar demasiado puede llegar a temblar como las gotas de rocío con la brisa de la mañana.

La belleza recorre la tristeza y la esperanza, un amanecer y el meterse a la cama. ¿Es bella la tristeza? ¿De verdad lo es? Tan emocionante que merece ser escrita. Y acostarse por la noche. Introducir el cuerpo entre sábanas, estirarse y sentir como viene el descanso y la relajación.

La palabra, magnífico prodigio que ayuda a explicar los sentimientos y las emociones. Hablada o sobre el papel llevan a un encuentro con uno mismo. La palabra…. Me duelen los ojos, al cerrarlos más todavía. Que no tendrá la palabra que me permite expresar este instante de mis ojos.

Que no amará la palabra, que nos acompaña siempre.




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domingo, 19 de septiembre de 2010

La trucha







"nos"




Bosque de hayas, bosque de abetos. Verdes hojas enlazadas. Río caudaloso saciado de cascadas. Terminan los árboles y llegan las flores que llenan el valle. El camino limpio. Altas montañas terminadas en riscos cuyas cumbres rozan el cielo. Nubes que corren atrapadas en corrientes de viento, traen sombras a la tierra.


Entre las piedras de la orilla, respiraba agonizante. Su piel destilaba brillos con los rayos del sol reflejados en su lomo. La introduje en el agua y mientras un plátano y algunas avellanas saciaban el apetito, su quietud inquietaba. Su cercana lejanía alertó de su final. Algo le sucedía. Estaba rodeada de belleza. Su pequeño cuerpo estaba siendo comido por diminutos caracoles blancos. Tan bonitos, tan letales. Se los retiré de la piel y la lancé al centro del río. Quizá allí recibiera más oxigeno, más vida.

Había saltado del agua a la tierra aquella trucha del color del arcoíris. Buscando aventuras, casi encontró la muerte.



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domingo, 12 de septiembre de 2010

Siempre era una emoción





 




"Loarre"




Era una emoción.
Siempre.
Ya podía ser una alegría o una tristeza
que todo era una intensa emoción.
Rodearme de montañas
o llorar desconsolada,
todo era una inmensa emoción.

Hasta que entendí que todos los sucesos
no podían ser tratados de la misma manera.
Podré sentir terriblemente una muerte
pero no de igual forma, una puñalada trapera.

Para hacerlo, me escapé de mis adentros
y con esfuerzo miré mi reflejo en el espejo.
La emoción era dueña de todos los rincones,
grandes, minúsculos, gigantes y menores.



¿Merecía esto?
¿Merecía sentirme así?
¿Merecían que me sintiera así?



Al retirar esa enorme emoción,
la ilusión se fue corriendo…
Ni me molesto en buscarla.
Ahora vivo, siento…
Con otras cosas, pero sueño.



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sábado, 4 de septiembre de 2010

Pájaros





"nos"





Las he observado en el cuarto de baño,
colocando con coquetería un velo sobre otro.

Dentro de su mundo,
se pintan las uñas, se maquillan el rostro.
Pasean en grupos, se ríen alegres
otean el horizonte de El Cairo.

Después se giran y nos observan a nosotros.

Acuden al reclamo,
con sus melenas escondidas tras colores vistosos.
Queremos sentirnos juntas, nos miramos.

Anhelantes de nuestro mundo,
pájaros que no vuelan
quieren rozarnos las alas.

Se acerca un policía. No vengas.
Sólo queremos unirnos
en una foto para la eternidad.

En esa imagen alzan el vuelo,
pájaros que quieren volar más.




 

sábado, 28 de agosto de 2010

Emoción escrita







La poesía me suena intensa; en pocas palabras, sin extenderse demasiado hay que devanarse los sesos en colocar sentimientos, emociones e ideas. Calculadas estrofas y rimados versos han de reunir intensidades. Creo que a veces me resulta reducida y escueta dentro de un universo de sentires.


El texto, el relato, da más juego. Uno puede explayarse en relatar lo que está sucediendo con más detalle. Los colores, el lugar y el momento tienden a convertirse en una infinidad de recovecos en los que detenerse por medio de una frase, añadiendo adjetivos que redondeen más la situación relatada.

Pero tanto la poesía como el relato y no hablemos de la novela tienen que crear emoción al que lo lea para que la obra no sea arrinconada. La emoción, esa percepción sensitiva que cada individuo tiene sobre la realidad, sobrepone su intensidad viviéndola desde las experiencias interiores de cada persona.

Es por tanto que un poema que pudiera parecerme arrebatador y terriblemente atrayente, a la persona que lo lea dos minutos después, le resulte totalmente aburrido y carente de significado.

Cuando transmitimos un mensaje, debemos decidir si lo hacemos desde la cercanía, desde la confianza o bien todo lo contrario, confusamente o desde un punto de vista superficial.

Ya puede ser poesía o un relato… El tipo de lenguaje utilizado nos dará las pautas sobre qué tipo de emoción estamos recibiendo o quizá no estemos recibiendo ninguna y se limite a una simple descripción. La emoción que sentimos interiormente ante lo externo que se nos presenta mediante los ojos y los oídos nos hará decidir que es lo que estamos recibiendo teniendo en cuenta nuestra subjetividad o nuestro paralelismo.
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domingo, 22 de agosto de 2010

¿Qué le voy a hacer?











Vive sola y por compañía tiene
a una perrita que le sigue a todas partes.
Deja la rutina del día al azar del momento,
sin planificar nada más que horarios y compromisos.
Y por la noche después de acostarse
se atiborra de comida sin importarle el tipo.
Ante los demás, muy maquillada
poniendo buena cara y presentando respeto.
Y cuando no la ve nadie, vomita
el suyo propio perdiendo.



Víctima de su inconsciencia,
deja al destino que la dirija a su antojo
cuando es su yo,
el que tiene que decidirlo todo.
Parece que quiere seguir metida en el círculo.
Y dice: ¿Qué le voy a hacer?



Chiquilla, despierta de tu cuna
porque ya paso el tiempo de los desaires.
Nadie del afuera te subyuga.
Ya no hay maltrato.



Deja de maltratarte tú.





sábado, 14 de agosto de 2010

Ovejas









Las ovejas se pasean por el amplio campo,
rumiando sus bocas la mullida hierba
que se apresuran en seguir comiendo.

Se miran entre ellas, se acarician en cada roce.

Su pelaje corto desde antes del verano,
crece ahora atrayendo al frío del invierno.

Puntos de blanco sucio en el verde horizonte,
parece pintura que a los ojos mima, aterciopelada,
como encontrando un motivo
con el que rellenar un blanco lienzo.

No saben que las observo.

Ellas siguen comiendo hierba.




martes, 10 de agosto de 2010

Pedazo de pedazos









Cuando nací me formaron a pedazos.
La verdad no sé cuales usaron.
Imagino que algunos buenos y otros malos.

De paciencia creo que usaron bastante.
A quien haya que darlas, gracias
porque vienen en cantidad, bien.
El de tristeza, a veces incordia un poco,
pero con el de alegría, le añado mucha miel.

Convencimiento y amargura, entendimiento y cordura
forman parte de una amalgama que, con solera, me acompaña.

Terminación de trabajos, aturdimiento y cansancio,
encuentro de encuentros de todos mis pedazos.
Amores, cariños y montones de mimos,
abandonados sueños y otros cientos nuevos.

De mis pedazos, cachitos queridos.

martes, 3 de agosto de 2010

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido









Hace casi veinte años, visitamos el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Éramos un proyecto con futuras posibilidades, empezando apenas a poder permitirnos el lujo de hacer ese viaje al monte.


En compañía de unos amigos, recorrimos el cañón de Añisclo, conocimos Gavarnie, el valle de Pineta del que guardo un especial recuerdo del glaciar y del lago Marboré y como no, de la espectacular Cola de Caballo. Dos años después volvimos a repetir la experiencia, mayores conocedores de una parte de esas montañas que nos envolvían con su terrible y espléndida presencia.

De la primera visita cabe destacar, la llegada al pueblo de Bielsa donde nos alojábamos después de las caminatas diarias. Íbamos con un cochecito de 900 c.c. Ford Fiesta modelo L para más señas, que nos llevaba a los cuatro y a un montón de mochilas. Cuando pasamos la localidad de Jaca, el depósito de gasolina llegaba casi a la mitad pero según fuimos siguiendo la carretera, la gasolina se gastaba y nosotros no encontrábamos ninguna gasolinera. Como habíamos salido tarde, se nos hizo de noche por el camino y sin gota de carburante, mi pareja decidió bajar el puerto de montaña de Cotefablo en cuarta para ahorrar gasolina. Como es de imaginar acojonados.

Terminamos en un pueblo, creo recordar que se llamaba Boltaña, rogando al dueño de un bar restaurante que tenía un surtidor de gasolina que nos abriera el mismo, porque no nos arriesgábamos a seguir adelante ante la posibilidad de quedarnos tirados por el camino.

Lo conseguimos y logramos llegar a Bielsa a las dos de la madrugada. Habíamos avisado que llegaríamos tarde pero lo que no esperábamos era que al llegar al hostal estuvieran las luces apagadas. Llamamos al timbre pero nadie acudió. Así que nos metimos en una cabina de teléfonos y empezamos a llamar al hostal. Desde fuera se escuchaba el sonido de la llamada pero nadie venía a abrirnos. Pensábamos que después de todo tendríamos que dormir en el coche cuando a uno de nosotros se le ocurrió accionar el pomo de la puerta de entrada. En la recepción a oscuras encontramos las llaves de las dos habitaciones.

De la segunda vez que visitamos esos parajes, recuerdo que tanto caminata por el cañón de Añisclo como la visita al lago Marboré, terminaron siendo una carrera contra reloj. Las dos veces tuvimos que salir corriendo al venírsenos encima sendas tormentas de aparato eléctrico y estar al descampado. En Añisclo ya veíamos Fuenblanca y en Marboré tocábamos las aguas del lago.

Hace unas dos semanas, se nos ocurrió llevar a nuestro hijo a Ordesa. Se me pasó por la cabeza, lo emocionante que sería llevarle a un lugar que forma parte de mi historia, de mi vida. No sabía si iba a gustarle, pero si lo que significaría para mí.










La subida a la Cola de Caballo resultó laboriosa, trabajada psicológicamente. El peque tiene diez años y una caminata subiendo durante tres horas y media tiene su aquel.

El río atrapado en saltos de vida, rodeado de árboles y altas montañas. Al llegar después de atravesado el bosque de hayas y las gradas de Soaso, la cascada se esconde hasta el último momento, rodeada de piedra y me dices:

- Ha merecido la pena subir hasta aquí.

Yo me quedo con haberte podido llevar a conocer un paraje maravilloso, de haber compartido contigo ese rinconcito de nuestra vida y con tu decisión de volver el año que viene.










Y te aseguro que si podemos, volveremos.






jueves, 29 de julio de 2010

Un pedacito de tiempo




Me ha traído el cielo un pedacito de tiempo.
para sentarme en un banco y acariciarme los pies.
Un cubito con agua caliente y mucha sal para más señas,
se dedican a acompañarme y hacerme muy bien.

Me baña el cálido líquido, los dedos, los tobillos y las uñas,
que de largas rascan y mejillones parecen
pero con lo que más peleo es con mis plantas,
que no tienen flores, aunque si defectos que entorpecen.

La toalla me seca y tan blandos han quedado
que con una uña soy capaz de arrancar durezas,
y algún que otro callo.
Viene después la piedra pómez,
cuya rugosidad arrastra pieles, molestias y roles.

Raíces cansadas que con mimo cuido,
envolviendo en crema hidratante
este silencio que acompañarme quiere.
Con los ojos cerrados siento dedo contra dedo las manos,
en cariños amañadas,
como cuando rozo con las yemas la punta de la mies,
caricias que me acarician los pies.



miércoles, 21 de julio de 2010

Autodidacta




Lo que hay que terminar siendo.
En el sentir y en el vivir,
en el reír y en el llorar,
en un amanecer o al acostarse.
Buscar para encontrar
el sentimiento de la vida
envuelto en la risa, envuelto en el llanto,
al alba y cuando viene la oscuridad.

Ese saber hacia donde dirigirse
en cada momento del hoy.
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martes, 13 de julio de 2010

Amiga mía



Todos pasamos por momentos difíciles. Momentos en los que parece que la vida te ha puesto una zancadilla y en los que no sabes como solucionar lo que te ronda por la cabeza.

Y no lo sabes, porque no sólo depende de ti.

He sido una persona que he ido de frente con los problemas, diciendo las cosas cuando las tenía que decir, las que tenía que solucionar, entendiendo que no podían estar sin solucionar.

Pero con el tiempo he entendido que mi tiempo no es el tiempo de los demás. Que es mi tiempo. Y que no puedo estar esperando a que sea el tiempo de los demás, sino que tengo que seguir hacia adelante. No lo hago por gusto, sino porque el querer solucionar algo cuando la otra parte no tiene ninguna intención de arreglar nada, o ni siquiera se da cuenta de ello, me ha llevado a recibir desagradables contestaciones. Y hablo de solucionar situaciones difíciles, con las personas que percibo más cercanas, con las que de verdad sé los sentimientos que hay por medio.

Pero aprendí a esperar y a la vez a no esperar. Es como darse cuenta de que en toda relación hay momentos de vida y momentos de muerte. Hay esperanza mientras hay vida. Pero también es posible que nunca la haya.

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Amiga mía:

Sabes que hay relaciones en mi vida que son muy complicadas y sabes también el dolor que me han provocado esas relaciones. Y que no puedo arriesgarme como lo hacía antes. Aquella ingenuidad se quedó atrás. Han venido otras cosas muy buenas al crecer, al vivir, que me hacen sentir que merece la pena seguir hacia adelante.

Me has notado triste de un tiempo a esta parte. Reconozco que he llorado mucho, porque mi relación contigo ha sido tan abierta y tan limpia que me dolía no decirte lo que estaba sintiendo.
Me he acostumbrado a callar, lo llevo haciendo toda la vida, pero en los últimos años soy muy consciente de ello. No me lamento ni me compadezco por ello, así lo he elegido.

Entendía tu enfado. Pero entendía otras muchas cosas, más de las que tú piensas que pudiera entender. Entendía todo lo que te has atrevido a decirme, pero en cierta manera la ausencia de esa relación tan clara que teníamos, me dolía demasiado.

Abrir tu corazón como lo has hecho, mientras se te llenaban los ojos de lágrimas, diciendo las verdades sobre quien eres, por qué te mueves y cómo vives, te hace muy grande a mis ojos. Te hace tan limpia como aquella tarde hace siete años en la que un abrazo nos devolvió toda la alegría y confianza de nuestros años niños.


Aquellos años en los que los peldaños de una escalera eran todo nuestro mundo.



martes, 6 de julio de 2010

La libertad de las amapolas

De cerca


"nos"




“¿Por eso me pusisteis Ababol? ¿Por qué queríais que fuera tan bonita como las amapolas?

En parte… sí. Pero no sólo por la belleza, sino también por la libertad. Una amapola nace y crece donde quiere y no tiene dueño ni ley. Tampoco se puede hacer con ellas un ramo ni colocarlas en un jarrón, porque al poco de cortarlas se marchitan y mueren. Quien quiera disfrutar de la hermosura de un ababol tiene que venir al campo para contemplarlo tal como es… libre.”

Susana Prieto – Lea Vélez



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Sólo se puede vivir libre por dentro, como si se estuviera dentro de un campo de amapolas y seguir naciendo con cada amanecer y creciendo con cada hora del día. Cada instante, cada momento de libertad, único e irreemplazable.

Mi libertad está aquí, en mi corazón.

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miércoles, 30 de junio de 2010

Tus primeros setenta



Mi padre ha cumplido setenta años
y hoy nos hemos puesto morados
comiendo langostinos y jamón serrano.

Te he llevado dos velas,
con la forma de un siete una,
con la forma del cero, la otra.
Y te canto feliz cumpleaños
aunque protestes porque te hago regalos.

Te preguntarás que tienes que hacer
para que no continúe año tras año
con la misma cantinela.
Quizá no te acuerdas, pero yo no me olvido…

Cada vez que veo la foto de mi primer cumpleaños
y mi cara de niña delante de aquella vela
siento la ilusión de estar en casa
rodeada de todos los que me dan vida.

Así que, mientras la salud lo permita
y aunque al apagar la luz, protestes un ratito
me tendrás siempre cantándote
gran y feliz cumpleaños…Papito.



viernes, 18 de junio de 2010

Para el que quiera amar






Para amar hay que conocerse profundo.

Conocer las virtudes, trabajar en los defectos.
Esconder muchos deseos y ahogar algunas penas
para que no acogoten ni atosiguen por dentro.
Aglutinar los complejos y encerrarlos bajo candado
a fin de que las inferioridades y los celos,
no sean dueños ni amos.

Y el egoísmo machacarlo, ni siquiera mirarlo.
Mira que no es bueno,
en el que busca amar y en el que quiere todo darlo.

Y conocer al de frente, aunque ni el mismo se conozca.

Conocer sus virtudes, amar sus defectos.
Tratar de cumplir sus deseos y aliviar sus penas
para que no acogoten ni atosiguen por dentro.
Entender sus complejos y como no se puede encerrarlos
saber donde viven esos oscuros estados,
para que por lo menos, no afecten tanto.

Y el egoísmo que en el otro habite, y sea difícil arreglarlo,
a veces hay que hacerlo ver
con el mismo jarabe acaramelado.

Porque la vida es como dicen una de cal y otra de arena,
una de miel y otra de hiel.




lunes, 14 de junio de 2010

En el de al lado.

amapola 4
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amapola 3
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amapolas 2
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amapolas 1
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"nos"
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Desde el borde de la carretera,
sigo el camino como todos los años.
Busco rojo,
me persigo esperando.
Últimamente no tengo tiempo
para buscarte, para buscarme.

En el campo del año pasado,
a lo lejos, verde trigo plantaron.
No se ve el colorado que me llevó
a encontrar mis sueños dorados.

Otros derroteros miran los ojos,
encontrando pequeños grupos formados.
Un cobertizo en ruinas se convierte
en postal de saciedad y cuento.
Me aparto… Perdóname, niña,
por no dedicarte más tiempo.

Volvemos hacia atrás y aunque no se ven
regresamos a aquel campo y en el de al lado,
se hallan, se sienten, entre el cereal dorado
y allí me hallo y siento yo.
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sábado, 5 de junio de 2010

2 de junio


Paso el día, nerviosa, con lágrimas en los ojos. He estado en la tienda de las postales bonitas, para comprar dos. En una, hay un balancín con un bebé y en la otra, las ramas de un árbol llenas de flores y pájaros.

No sé si llamarte o mandarte un mensaje. La operación es complicada y puede ocurrir lo peor. Ando de acá para allá para comprarte un regalo. Tu cumpleaños es dentro de dos días, pero quizá no sea posible celebrarlo como quisieras.

Me están atendiendo en una tienda y suena mi teléfono.

-¡Estamos en el paritorio! – casi me gritas. Las dependientas se me quedan mirando mientras doy botes de alegría y me emociono.
- Ya viene Nora. Llevamos unas horas y todavía hay para largo.
La postal del balancín ya tiene día de entrega, pero la otra me pregunto si podré darla en el día señalado.

Te mando un mensaje, porque verdaderamente no se qué decir: “La vida tiene laberintos de vida que nos llevan y nos traen. Estoy pensando en ti, rubia”.
Me das las gracias, y me mandas un beso.
A las 16:00 horas, me envías un mensaje: “Todo ha salido bien. Mi padre tiene todavía muchas cosas que enseñarme”.

A las 22:30 horas suena el teléfono: “Nora ya ha nacido y se parece a mí”.
Al día siguiente, corro a ver a la pequeña. La tengo en brazos y verdaderamente si que se parece a ti. Os doy la postal del balancín.

Un día después, por tu cumpleaños, puedo darte tu regalo y la postal con las ramas del árbol llenas de flores y pájaros.

Dos amigos,
dos encuentros,
dos circunstancias distintas de la vida
que me llevan a un día lleno
de emociones y de alegrías.



domingo, 30 de mayo de 2010

Hoy y ahora





Creo que no hay cosa mejor
que vivir el presente y el ahora.
Como mucho un recuerdo para una cita,
programar una cena o las vacaciones,
preparar una salida al monte o
la ropa para el día siguiente.

El futuro.
Mañana mismo puede romperse
en cientos de pedazos.

El pasado.
Como el agua, esas gotas que llovieron
en riachuelo o torrente.
Como las hojas del árbol que, caducas
se dejaron caer abandonadas a su suerte.
Volverá a llover, germinarán otras.
Pero esas de antes,
aquellas que fueron, ya no vuelven.

El pasado es lo que me hace vivir como vivo.
Hoy y ahora.




miércoles, 19 de mayo de 2010

Partido de pelota





Partido de pelota, Barriola contra Olaizola.

Dos camas sobre las que cuelgan cadenas,
bolsas llenas de líquido.
Dos hombres entre sábanas blancas
demuestran lo que somos sin disimulos,
sin tapujos que aparenten lindezas ni maravillas.
Pedos y eructos campan a sus anchas,
mientras los ojos cansados miran la televisión.

El dolor se vive.
Va y viene en olas de desesperación
acompañadas en imposibilidad de movimiento,
como si fueran las rocas del acantilado.
Pero la medicación te calma.

Al relajarte me tranquilizo yo.
Parece que ha bajado la marea.
Sigo escribiendo
mientras a mi lado, desde la cama,
me acaricias el pelo.



domingo, 9 de mayo de 2010

Me siento o me siento.




Siento que me siento.

Igual me siento en una silla
o siento llegar la oscuridad al caer la noche.
Me siento cansada, me siento contenta…
Me siento en el sofá.
Me siento junto a ti, me siento sola.
Me siento a contemplar el dorado sol
al que siento calentar la piel,
mientras que me siento en una tumbona.
Me siento en la cama y leo,
mientras siento venir al cálido sueño.
Me siento o me siento.
Adivino dónde o qué.

¿Te sientas o te sientes?



miércoles, 5 de mayo de 2010

Nilo



"nos"


Cálidas aguas, que arañando granos
guardan caricias en alargados ritos.
Desnudas orillas, con el sol por montera
te reciben deseosas de deslumbrantes mimos.
Faraones y árabes en amor te surcaron,
encontrando en tus crecidas, comida y desierto vivo.

Hoy me llevas en acurrucado seno,
envidiadas tus fuentes y bebidos tus mitos.
Arrastras mi adorado sueño a sentirte,
mojado, profundo y adorado Nilo.



domingo, 2 de mayo de 2010

Frases hechas




Una frase hecha
resulta un juego de palabras
que se caen por su propio peso
cuando termino entendiéndolas.

Y el estrépito es tal que ya ni las recojo.

En el suelo, terminará por deshacerlas
la intemperie que entre vendavales
arrastrará sus restos inertes
a la alcantarilla del subsuelo.



viernes, 30 de abril de 2010

Monedas en el camino al poblado nubio.




"nos"


La barca continúa su curso entre juncos y piedras. Dejamos a la derecha la tumba del Aga Kan y su residencia.


A la izquierda el jardín botánico, extraña por su frondosidad enfrentada a la arena de la orilla. La orilla, en la que el agua juega a deslizarse un poco adentro, un poco más. La orilla, en la que niños se deslizan chapoteando y nos gritan, saludándonos con la mano.


Estoy entretenida viendo todos los matices que ofrece el paseo, sintiendo la brisa en la cara. Una voz canta una habanera muy suave, incluso parece fatigada. No acierto a localizar de dónde proviene, hasta que me doy cuenta que la tengo al lado.


Junto a la barca, sujeto a ella, en otra barca más pequeña, un niño de unos doce años canta. Ha venido remando con los brazos y se ha agarrado a nuestra embarcación para conseguir unas monedas. El guía nos explica que se arriman y escuchan a los que viajamos para acertar con el idioma de la canción a interpretar.


Su piel luce curtida por el sol y nos canta. Nos canta hasta que consigue unas monedas. Le vemos alejarse, yendo hacia la orilla.


Pocos metros después se acerca otro muchacho de unos quince años pero viene sin barca. Nada hasta que se pone a nuestra altura y nos saluda. Después de que se marcha, pienso que significarán para ellos esas monedas, lo importante que son que salen al río a jugársela con tal de conseguirlas.


Sabía que en este viaje iba a ver pobreza, pero esta pobreza es distinta, porque ellos trabajan para ser un poco menos pobres, luchan dentro de las posibilidades que su día a día les ofrece.


No esperan una ayuda del cielo,
pelean por tenerla.
No se sientan tratando de dar lástima
trabajan por su sustento.
No se lamentan de su suerte,
luchan por conseguirla.
Y la consiguen,
la ayuda y la suerte,
dejando la lástima aparcada en un rincón.
Se merecen todas las monedas del mundo.