domingo, 22 de mayo de 2011

Sin escóndite








Para escribir poesía hay que lanzarse.

Someterse a las profundidades.
Ahondar en los recovecos.
Escudriñar los más recónditos escondites.
Saber que cada día es el primero.
Que cada idea es única.
Entender los propios secretos
hasta hundirse
en la empatía de los sentimientos.

Es por ello que cada poema
sólo podrá ser comprendido fielmente
por el poeta escritor de su historia
y vividor de su hazaña,
donde se entrelazan los desaires,
cosidos por invisibles ramas
a los momentos que suponen
parte del entresijo de su mundo.

Que no te asuste
si releída la rima,
descubres
que no me encuentras.









martes, 17 de mayo de 2011

Cuentas










De pequeña, contaba números.
Me mareaban las sumas y las restas.
Si iba a la panadería, a la vuelta
contaba y volvía a contar las vueltas.
Era necesario saber si eran correctas.

Pasé por contar las cuentas
de las pulseras y collares de caramelo
hasta, de comer demasiado, cansarme.
Cuando comencé a trabajar,
la cuenta del banco me obligó esclava,
a contar de nuevo.

Toda la vida contando que cuento
historias, caminos y cuentos.
Caminos en los que la cuenta de todo
encuentra historietas de momentos.

Que se entere nadie de que cuento nada.
Mientras tanto, sigo contando.





sábado, 14 de mayo de 2011

Reciclando








La encontré paseando al perro,
acompañante de sus visitas a niños enfermos.

Tenía ganas de verte, me cuenta.
Estoy atravesando una época distinta,
una crisis minimalista.
No necesito muchas de las cosas
que tengo para poder vivir.
Y en vez de tirarlas, prefiero reciclar.
Hay algo que quiero regalarte
que siento propio para ti.

No sé qué decirle.
Me gusta tanto su modo de sentir la vida
que me noto halagada.

Pasadas un par de semanas,
se acerca cargada con un paquete.
Un casual comentario de hace años,
una de las veces que visité su casa.

Protagonista cada tres o cuatro días,
leo cinco o seis páginas de ese regalo.
Un apasionante libro sobre modernismo
que se apoya en la mesa del salón.







sábado, 7 de mayo de 2011

Cuando sin creer, creo











Cuando no puedo creer en ciertas cosas, creo.
Creo en lo que creo.

Crear, porque mientras creo no pienso.
Creo, porque creando sueño.
Creo con cortezas de naranja,
una tableta de chocolate y mis ganas
dulces de chocolate para que los labios gocen.
Creo de unas semillas sembradas
que crecen en mi florido balcón,
unas pequeñas plantas que ataré después
ansiando que me den rojos tomates.

Y lucho por continuar creyendo en cualquier cosa
que me ayude a crear cuando no puedo creer.

Creo, cantando y bailando.

Creo ahora en este pequeño poema que surca
 los surcos por el papel creados.

 
 
 
 
 

domingo, 1 de mayo de 2011

Luna nueva, luna llena.








Las cicatrices padecen una sucesión de cambios, como las fases de la luna. En ocasiones se colocan ascendiendo pendientes o bajando en picado, después de tener todos los refugios del camino escondidos a su mirada. Se saltan los albergues cercanos y encuentran salvación en la sombra de un árbol sin hojas. Llueva o haga calor, la inseguridad le implica adelantarse en búsqueda de soluciones al dilema, pero la paciencia es una tirita que continúa sin pegarse definitivamente en las heridas.


Entonces se aproximan la elección de riesgo o la de jugar al escondite. En esta última, Selene se empeña en pasar la noche inadvertida a los ojos de todos, no haciendo falta ni una sola mirada de atención a la cicatriz, cuya presencia atormenta plenamente cuando la luna enseña todo su poder. ¡Como pican entonces los cráteres que se suponían cerrados, los puntos entendidos ya curados! La incertidumbre se sitúa rascando en el más recóndito rincón de ese surco abierto hace años, cerrado más no extinto.

Sólo queda elegir a quien dejamos protagonista, a la luna nueva o a la luna llena.







miércoles, 27 de abril de 2011

Hay círculos









Hay círculos que durante años
son protagonistas de los más íntimos momentos.
Hay círculos, que en búsqueda de exteriores
importaron intensidades interiores.

Hay círculos que finalizan
abandonando un mundo difuminado
en puntos de rectas curvas
cuyos extremos, escapistas suavidades,
desaparecen en la lejanía.

Hay círculos rotos
por el saciado vicio de la rutina,
dueños de errores escondidos
tras el beneficio obtenido.

Hay nuevos círculos
formados por la enseñanza recogida,
libros de vida que viajan
sin dar vueltas sobre el mismo camino
porque sus ejes se mueven
en un continuo vaivén de espiral
donde no terminan sus estudios
de seguir aprendiendo.









miércoles, 20 de abril de 2011

Aquellas tardes de domingo







Andamos con un rumbo fijo, sabiendo a dónde nos dirigimos. A pesar de los años transcurridos, el sendero es el que era aunque con unas pocas variaciones.


La fuente no está en el mismo sitio que hace veinticinco años porque han cambiado su ubicación. Ahora se halla situada junto a la mesa en la que compartíamos aquellas tardes de verano, la comida que cogíamos a escondidas de los armarios de casa. Cuando llegábamos allí, llenábamos aquella base de piedra de latas de mejillones, sardinas y berberechos, bolsas de patatas, jamón dulce, chorizo, pan y comíamos sin descanso hasta que se terminaba todo.

La otra mesa todavía está allí pero ya no hay banco circundante donde sentarse. Esa zona se ha convertido en un lugar lleno de zarzas y ortigas. Ahora hay un camino nuevo a la altura del puente del yogur.

El puente del yogur. Una de mis amigas me untó la cara con yogur y salió corriendo y como no, la menda detrás de ella. Atravesó el puente, pero yo terminé espatarrada en medio. No me caí abajo por poco. Se me escapó el zapato aunque no cayó al vacío. A pesar de sentir dolor en la rodilla, mi única preocupación era aquel zapato de ante negro. Cuando me incorporé, el zapato seguía allí, esperándome, mientras mi rodilla sangraba profusamente. Cuando bajamos del monte, aquella herida descendió taponada con una servilleta como las que parecen ponerse los vaqueros en el cuello en las películas del oeste.

De aquel grupo de chicos y chicas que trepábamos todos los domingos al Faro de la Plata, hemos estamos ahí arriba, tú y yo, sentadas en aquella mesa que tantos buenos momentos nos dio.

¿Recuerdas el día que comenzó a llover y tuvimos que meternos debajo de la mesa?

Hoy hemos vuelto con nuestros hijos. Bocatas, ensalada y yogures nos han acompañado. Junto a la mesa pasa mucha gente. Aquel recuerdo de nuestros años jóvenes, hoy forma parte del camino de Santiago. Pero a pesar de toda la gente, aunque nuestras vidas sean distintas, hay una intimidad entre nosotras que sigue ahí, donde quiera que vayamos, escondida en espera de darle la oportunidad para asomarse. Te cuento y me cuentas y a veces hay lágrimas y a veces hay risas, como las que hemos reído hoy…

Volver con nuestro futuro de la mano ha sido precioso, mágico y seguro que este verano nos dejamos caer por allí otra vez.

Por cierto, tu hijo se ha hecho daño en la misma rodilla que yo hace veinticinco años…







viernes, 15 de abril de 2011

Aquella maleta










Con la maleta cargada a la espalda,
atravieso los mismos parajes cada día.
La cuesta hasta el semáforo
y el barrio de los animales de piedra
donde la tienda de chuches y el parque
son destino diario de diez minutos.
Un nuevo semáforo me obliga a detenerme
y otra cuesta ocasiona más sudor al camino.
La exposición de sanitarios blancos
inicia el ascenso por la empinada escalera.

Al acceder al colegio, la cuadrada maleta
con la panza surtida de libros y cuadernos,
golpea una maceta pintada de rojo.
En el suelo, se desparrama la húmeda tierra,
el geranio vestido de flores blancas, desnudando
sus retorcidas raíces que asemejan de estopa, estropajo.

Mi cara estuporosa, refleja temor
ante la monja de la cofia en la cabeza.
Amenaza con llamar a mi casa, enojada
y contar lo sucedido a mis padres.
De incertidumbre asaltada, retraída tiemblo
en espera de hablar antes, que me llegue el tiempo.

Varios días transcurren y no suena el suceso
ni en boca de mis padres, ni caído del cielo.
A sabiendas de lo ocurrido,
paso página despotricando de la sor y su amenaza
y termino creyendo que todo aquello fue un sueño.







 

viernes, 8 de abril de 2011

Cincuenta


Antes reutilizaba todas las bolsas que caían en mis manos. Las almacenaba en dos cajones del armario del balcón. Las de plástico para recoger todos los residuos de desecho, las de papel, como no, para el papel y para llevar libros, ropa y otras cosas de un lado a otro. Pero desde que dejaron de dar bolsas en el supermercado para poder trasladar la compra a casa he tenido que comprar las que te ofrecen allí. Y claro son muy grandes y además mejor sólo usarlas para la compra. Son caras, aunque dicen que te las cambian si se rompen, pero hay que pagar cincuenta céntimos por cada una. Y si de cincuenta hablamos, esas son las que he comprado para echar la basura, los restos orgánicos y los de plásticos y metal. Un rollo de cincuenta bolsas de plástico. Es que sale más baratas que el rollo de treinta.

La que estaba en el cubo se ha llenado y no queda más remedio que cambiarla. La cierro y la saco dejándola apoyada en el suelo del balcón. El rollo es grande. ¡Cómo no, si son cincuenta bolsas! Empiezo a desenrollar y el dichoso rollo se me cae al suelo rodando despavorido por el balcón. La bolsa que pretendía coger sigue sujeta por mi mano agarrada todavía al resto del rollo cuya carrera llega a meta en la terraza del vecino de abajo. ¡Miiiiiééééérrrrcoles!

Mi hijo oye las bendiciones que salen de mi boca y viene corriendo a averiguar que estoy trajinando. Le relato lo sucedido y me pregunta que es lo que voy a hacer. Pues tendré que recoger todas que no me queda otra. Que como lo haré de nuevo. Enrollando. Y empiezo desde la bolsa que se ha quedado en mi mano, una tras otra. Mientras le he estado contando toda la película ha comenzado a reírse y no puede parar. Abre la boca y se carcajea. Casi grita. Se sujeta la tripa mientras me observa y yo exagero más la pantomima que no es tal, pero él continúa riéndose y yo disfruto viéndole reír. ¡Ayyyy! ¡Qué se me cae otra vez! Mientras tanto el rollo va engordando a pesar de que alguna que otra bolsa se ha desmadrado, saliéndose del cauce que me he propuesto.

Llego a pensar que en cualquier momento, el vecino va a salir a la terraza preguntándose qué demonios está moviéndose frente a sus ojos. Le lo cuento a mi hijo y las carcajadas van en aumento, pero el vecino no aparece. Termino la tarea y consigo calmarle pero a la mínima ocasión que tenga seguro que lo cuenta para volverse a reír.

Su risa… ¡¡¡Cuántas alegrías!!!








domingo, 3 de abril de 2011

Vencerse es... vencerme.









Vencerse es…
No tragarte ese bollo que estás mirando.
Acabo de comer y no tengo hambre.

Vencerse es…
Sacar lo mejor de ti cuando la persona de enfrente
trata de estropearme el bien iniciado día.

Vencerse es…
Levantarse contento de sentirse vivo.
Ayer estuve rumiando mis miserias.

Vencerse es…
Saber reconocer tus más terribles miedos
enfrentando mis más cruentas pesadillas.

Vencerse es…
Arrinconar los no tienes, no quieres y no eres,
viviendo por lo que tengo, por lo que quiero y por lo que soy.







miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Conoces al pintor?






Recorro la tarde con los ojos y con todos los sentidos. Repaso los jardines de césped aterciopelado cuya superficie se ha plagado de diminutas margaritas. Los árboles se han encontrado de repente saciados de flores blancas y rosadas y los que no las tienen dibujan sus ramas de pequeñas pinceladas de verde fulgor. En pocos días se transforman los bosques y con su ritmo, cada cual desborda la vida por los rincones.


Tiene un trabajo impresionante, la paleta llena de color. Desprovista de egoísmo se desliza entre los montes y las calles, realizando su labor armoniosa, exquisita, con una perfección desbordada.

Quiero felicitar al pintor y después de situarme frente a un jardín repleto de flores, doy las gracias, grito al aire para que me escuche. La vida es lo maravillosa que queramos que sea, la vida vive a cada instante y nos acaricia en cada paso del camino.

Delicadeza en la fuerza, rotundez en la dulzura, la vida, pintora de sensaciones, artista de senderos. Yo la conozco… Te invito a sentirla. A vivirla tú.







viernes, 25 de marzo de 2011

Voces








Escucho voces.

Suena el pequeño gorrión que por las mañanas vuela
a las jardineras del balcón para rebozarse en la madre tierra
que de peluquería y piscina alborotado suena.

Suena estruendoso el trueno
mientras la lluvia golpea en rumor incesante
todo lo que se cruza ante sus gotas
y termina nutriendo en armonía el suelo.

Suena tu voz y yo la escucho,
tan cercana como me susurra una flor
de ternura y cariño, colores muchos
corola repleta, pétalos al sol.

Suena mi respirar al llevar el aire dentro.
Suena el coche que al pasar carbura.
Suena mi alma, suena la tuya
los días que siguen, la vida que lucha.

Suena los pies atareados al andar,
siguiendo el camino iniciado por la mañana,
cuando al balcón volaron, los gorriones.





domingo, 20 de marzo de 2011

Hanami










La tierra molestó a las profundidades.
No sabía que el agua se vengaría
del violento despertar al que había sido inducida
rodeándola en abrazo mortal de destrucción y sangre.

Nubes de veneno adornan el cielo.
La nieve pinta albos al caos y al miedo
mientras la búsqueda entre escombros
se desespera por hallar lo perdido.

Los reservistas son llamados a filas.
La paciencia, dueña de las colas.
La gente ofrece comida, abre sus casas
estrechando en calidez hermana al herido.

El hanami de este año en Japón será triste.
La lluvia de los pétalos de sakura llorará a los muertos.






 
 
Nota: En Japón, se denomina hanami a la tradición de admirar la belleza de las flores.
Esta fiesta se realiza dependiendo del período de floración de los cerezos. Las familias se reúnen en los parques y jardines a pasar el día.
 
Sakura, se denomina a la flor del cerezo.
 
 
 
 
 

lunes, 14 de marzo de 2011

¡Menuda menuda!









Semilla, un todo.

Semilla, huésped de huerta o maceta.

Semilla naciente al rozar el agua.

Semilla, óvulo de mamífero, huevo de ave.

Semilla, que en vientres, nidos y tierra recoges futuros.

Semilla sembrada encuentras cosecha.

Semilla crecida, alumbras flores de polen,

volador cautivo del atractivo viento.

Semilla, dueña del destino

entre hojas verdes hallas tu fruto.

No nace raíz sin pepita, sin esa pequeñez diminuta.

que se escapa entre los dedos.

¡Menuda semilla menuda!








miércoles, 9 de marzo de 2011

Enmascarada











Soñé con no llevar máscara,
viviendo por y para ello.
Lo creí, escribí y publiqué
apostando hasta el último ritmo de mi ser.

Soñé con ser íntegra
mas descubrí que no lo eran conmigo.
Entonces coloqué una careta muy cara
a retirar sólo con quien me ofrece mimos.

Soñé con ser basculante apoyo
de consuelos errantes y árboles caídos.
Lo soy de aquéllos que buscan en mí,
compañía sincera y comprensión cargada de mimos.

Sueño con hoy el sueño de medianoche,
Con la corta comida de mañana
y el viernes, con el desayuno de pasado,
la poesía que surge y las teclas del piano.







domingo, 6 de marzo de 2011

A la cama










¡Menuda necesidad
cada vez que se sentaba
a dibujar palabras sobre el papel!

¡Menuda necesidad
la de expresar sentimientos
envueltos en escrupulosa tinta!

Aquella noche ante el ordenador
cansados, dolieron los ojos.
Los cerró mientras descansaban,
mas escondido y dispuesto al acecho,
hambriento de protagonismo,
apareció dueño del momento, el sueño.

Cuando los abrió, la media noche
había escrito su presencia.
Apenas le siguieron estas líneas.
La almohada reunió a la mente y al cuerpo.

¡Es que hace sueño!

 
 
 

jueves, 3 de marzo de 2011

Pensada soledad








Cuido de que esa sombra que se proyecta
en los recovecos de la soledad,
siga allí, entre cuatro paredes
de cemento y hielo escurridiza.

La obligo a mantenerse en silencio,
entre respiraciones y adioses,
madurando este camino nuevo
de brillantes estrellas y caracoles.

Viendo la realidad de frente,
es la elección la que decide,
podría ser una punta vengativa en vórtice
de agravios y comparaciones.

Pero, ¿es eso lo que quiero?
Ser lo que me han dado, puedo.
Mas, ¿acaso lo merezco?

Callada, la boca siente a veces
llorar la garganta, de trauma dolida.
Rencor, no, porque no lo merecen,
las personas que, con su cruel ofensa, hieren.





domingo, 27 de febrero de 2011

Sigo sumando








A veces, nos atrapa el tiempo en la rutina diaria. Nos lleva a suponer que no lo tenemos, que no lo utilizamos para hacer lo que verdaderamente queremos hacer, que el día ha pasado sin ese sentido que queremos darle.


Pero no tenemos en cuenta que estamos eligiendo a cada instante, que no nos ponen un arma en la sien para tomar decisiones.

El día pasa y se suma… ¿A los restados o a los sumados?

Cuando friego, observo la espuma deslizándose entre los dedos y después de añadir jabón al estropajo aprieto el bote para que los restos que quedan en la entrada del mismo afloren al aire en pequeñas pompas de jabón cuyos cuerpos bailan al son de mis soplidos hasta que estallan.

La lavadora y la plancha son una delicia cuando coloco la ropa sobre el cuerpo. El olor del suavizante se expande agradando a mi nariz. Cada domingo por la noche cuando introduzco mi cuerpo entre las sábanas limpias, la relajación viene abrumando cada sensación. La superficie lisa es tan suave como el más agradable musgo aterciopelado que se pudiera encontrar.

Cebollas malhumoradas en picar de ojos, se trasforman en dulzor pochado, pimientos de brillante piel y naranjas zanahorias se desviven en salsas especiadas con pimienta. Carnes y pescados se convierten en paladares exquisitos, en distintos sabores. La cocina, esclava de cientos de instantes es amiga de reuniones de mesa, donde la charla aúna esos ciclos de camaradería y familiar roce que sacia.

Deleitarse con la cotidianeidad, con esa realidad que nos rodea no es perder el tiempo. Hemos elegido una familia, una casa, a las personas que nos rodean, un trabajo. Creer en la rutina no es rendirse a ella. Dentro del respeto hacia uno mismo, hay que sentir la creatividad en todo lo que hacemos. Conquistar nuestras vidas no es difícil si creemos en lo que hacemos, si nos realizamos en cada momento, sin restar días a nuestra vida.






martes, 22 de febrero de 2011

Omar abandona y se marcha










Aquellos ojos llegaron avistando esperanzas
cautivos de un futuro a todas luces soñado,
trayendo mantas vestidas de coloridos pañuelos
para lograr monedas y rodear cuellos.

De oscuro túnel a tienda de campaña,
de templado albergue a esquina de calle,
acompañaron a la tristeza de recoger chatarra
regueros de ansias, pedidas de dámes.

Con las manos caídas, resignado se entrega
después de cuatro años de venir en patera,
con sueños desvencijados sobre los colchones
servidores de reposo para sus sudores.

Quiero esto, quiero aquello…
Para lograr un trabajo salió de su pueblo.
Ahora regresa a la tierra de nacido,
donde solo los suyos le trataron con mimo.





 

viernes, 18 de febrero de 2011

¿Estoy dormida?









Las sábanas, descanso de huesos.
Huesos que relajados, sueñan.
Sueños dormidos que al despertar no recuerdo.
Recuerdo de flashes en el transcurso del día.
Día amanecido entre las sábanas.

He dormido…

Pero… ¿he sentido que estaba dormida mientras dormía?

¿O sólo sé que he dormido porque son las ocho de la mañana?






lunes, 14 de febrero de 2011

Andanzas









Te implico en mis andanzas,
dos asientos juntos frente a la pantalla.

Te dejo entrar en mi descanso
y en mi interior más profundo,
donde expresarme como siento
coronando la cumbre de una montaña,
se convierte en una perenne necesidad.

Me guías por un mundo que no conoces
y que yo apenas entiendo.
El color azul tan vivo como el del cielo despejado
nos atrae a la suavidad que puede tocarse.

Cambiamos la plantilla
y buscamos una foto que me produzca
una sensación ofreciendo impacto.
Buceas en algún retoque de imagen
modificando apenas el adecuado tamaño
que adorna tras el repetido título
la presentación de poemas y relatos.

Mi diseño del blog, no es mío, es nuestro
porque ha brotado de tus palabras
y ha perseguido mis anhelados sueños,
donde compartimos con calma
parecidas uniones y deseos nuevos.

 
 
 
 
Posdata: Gracias a Darilea por los consejos que me ha dado para los cambios que he realizado en el blog.
 
 
 

miércoles, 9 de febrero de 2011

Pueblo de Egipto





"nos"



Cuando visitamos aquella casa,
nos ofrecieron té y pastas,
refrescos, tatuajes de henna
y risas bajo sombras de paja.

Cuando visitamos aquella casa,
acariciamos piel de cocodrilo viva
entre cuatro paredes atrapada
para disfrute de los turistas.

Bailamos dentro de aquella casa
como si de un grupo de danza se tratara.
Nos cogían las manos y saltaban
unas niñas con velos rodeando sus caras.

Cuando salimos de aquella casa
nos esperaban las chiquillas
ansiando saciar con algo el orgullo
cuya existencia aporta pedazos de vida.

De la cartera de una turista
salieron de cincuenta céntimos, dos monedas
ofreciendo a dos princesas morenas
sonrisas para pintar sus bocas abiertas.

Sucedió que ambas querían
la misma atención de aquel regalo
y en armas de garra se tornaron las manos
que antes pedían presentes soñados.

¡Que necesitaran que lucharon sin tregua
que hasta tuvieron que separarlas
de la mujer que sólo quiso darles
lo que para nosotros es poco o casi nada!

¡Qué poseerá este caliente país,
de peleas callejeras, testigo!
¡Por salir de la hambruna, ahora pelea,
vigilante del poderío político!

En unión se aúpa, para descubrir su destino.







viernes, 4 de febrero de 2011

En soledad








Allí se siente al cien por cien.
El sumun de lo máximo.
Donde no existe el engaño
sonando la verdad de frente.
Aparece el desnudo integral
sin máscara ni miedo a ser.

Ese es el lugar donde no existe escondite
que tape quien se siente cada uno.

En la más absoluta soledad.

¡Y que poco la queremos padecer!





lunes, 31 de enero de 2011

Derretida








Me gusta fundirme, pero no como el queso.
Me gusta fundirme, pero no como el hierro en la fundición.
Me gusta fundirme en un abrazo
con el viento que me acaricia la cara,
con el aroma de una flor,
con el llanto de un ser querido
y con la sonrisa de un niño.

Me gusta fundirme con las sábanas de la cama
cuando acude a mí la noche alada
y acoplarme a tu caliente piel
como el bicho de la película de Alien
para así libar toda tu esencia
que a mis adentros sabe a rica miel.

Me gusta fundirme en una agradable charla
y en una aventura de baile y fuego.
Me gustan tantos momentos
que la lista sería como la vida que no se acaba
hasta que se decida terminar con tantos gustos
por demasiado empalago.
Le daré finiquito
cuando ya no pueda por demasiado empacho
dándome pena de que se me escapen
las ganas de seguir viviendo la vida
y de paladear otros sabores.

Entonces me fundiré con la laguna negra
y con el barquero que engalanado me lleva.

 
 
 

viernes, 28 de enero de 2011

Sin frío









He dejado a mi hijo en la academia y paseo, como otras veces, por utilizar estos momentos en afán de no rumiar situaciones sin sentido.

Es poco el tiempo de que dispongo y me desplazo en coche a la playa, cerca del espigón, esa lengua de piedras abrazada por el agua.

El espigón, libro de recuerdos de días de domingo, envuelto en toallas y comida, bañadores y saltos para escaparnos de la sofocante presencia del calor. El espigón, encerrona sin salida de una espléndida galerna que nos arrastró arena a la cara, obligándonos a luchar contra el viento y contra el espacio disponible que quedaba.

El espigón, ahora vecino, receptor de tantas búsquedas como de otros encuentros, pista de carreras y refugio de sentimientos y arrepentimientos.

Amigo que siempre que acudo a tu seno, me entregas naturaleza viva rodeando tu cuerpo, hoy ofreces una perspectiva distinta que surca tus esquinas de torneados riscos.

Penetro en tus instintos y ya recorrido medio camino entre tu inicio y tu soberbia ante el mar, en tu lado derecho, hallo trozos de grandes ramas cuya corteza se ha comido la sal.

Con retorcido semblante, sirven de base a un castigado plástico que contra el viento lucha. Una cortina blanca de las que se usan en la ducha se adorna con grandes peces de colores parecidos a las truchas. Entre ramas y piedras se sostiene como puede el posible refugio de algún indigente o el castillo de juegos de unos mozalbetes. El agua golpea contra las rocas y a lo lejos un velero se acerca a tierra.

Al final del espigón, luce el pequeño faro avisando a los barcos y barcas que acceden a puerto. En el salado principio del espigón o en su término, donde se termina el camino hace frío, pero no lo siento.







domingo, 23 de enero de 2011

¡Un, dos, tres, pajarito inglés!







¡Un, dos, tres, pajarito inglés!
Y todos inmóviles esperamos una mirada.
¡Un, dos, tres, pajarito inglés!
Las manos se han quedado una arriba, otra abajo.
¡Undostres, pajarito inglés!

Ha sonado la inquieta voz con asombrosa rapidez
y me ha encontrado con un pie en el aire
mientras estaba avanzando,
el cuerpo medio torcido y los brazos balanceando.

La que está cantando me observa
y yo no me puedo callar,
me entra una risa de esas
que no hay manera de parar
y me la paro otra vez.
Es que me ha pillado.

¡Un, dos, tres, pajarito inglés!

 
 
 

martes, 18 de enero de 2011

Solamente






Ayuda a sentir el ardiente tiempo
lo que fervientemente se desea,
y que no es real tanto anhelado anhelo,
por mucho que deseemos tenerlo.

Y entonces se lucha, por ser uno mismo,
pero el serlo no tiene porque implicar un juego de poder,
no supone manejarlo todo.
¿De qué vale la vida en pareja
si está plagada de orgullo?
Y se afirma con profundo conocimiento
quien tiene mando en casa
y se sabe más que uno mismo.

Los extremos en su rotundez, son tan extremos
como el calor en verano y el frío en invierno,
pero no por ello dejan de ser bellos.

Yo, solamente…

Prefiero el descanso que busca el otoño
y el despertar de la florida primavera.

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sábado, 15 de enero de 2011

Relajantes vainas











Abro la red verde y de su transparente esencia saco verduras alargadas que preparo como si de un ritual se tratara. Les parto las puntas con la mano y con el pelador de patatas les retiro las hebras de los costados. Una a una, con mimo, hasta terminar con todas.


Las corto a trozos sobre la tabla y las introduzco en la olla a presión. De acompañamiento, unas pocas patatas, una pizca de sal y el agua en la que nadan mientras se cuecen. Después de cinco minutos de burbujeante jacuzzi, las retiro del fuego y abro la tapa de la espita del vapor que sale en estampida.

Nuevamente en la tabla, pico varios dientes de ajo, picantitos ellos y mientras se doran en una enorme sartén les echo trocitos de jamón serrano. Apuradas de caldo, terminan bailando juntitos, las vainas, las patatas, el jamón y los ajos. A fuego lento y con movimiento, terminan engordando la poca salsa que les dejo.

Resultan deliciosas pero lo que más me gusta es la preparación, paso por paso, total relajación.

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miércoles, 12 de enero de 2011

Caminos










Aquel buho llegó al comedero
y donde antes hallaba comida y sustento
con el que saciar su amado pequeño cuerpo
encontró tremendo vacío y un triste hueco.

Sabio supo entender y aceptar
de ladinos cuervos, el cruel aleteo
que por poner límites a lo que sentía injusto,
se batió en venganza, castigo severo.

Recogió con mimo los restos que quedaban
y los sitúo en un altar, de divino fuego
donde no los atrapen los que no sienten
como sueña su vida y planea sus sueños.

Porque cambiar, ya cambió bastante,
y con algunos pajarracos no vale la pena
volver a transformarse, no saberse propio
para encontrar mentiras y verdades lelas.

Guardar el sustento y favorecerlo,
curarlo plagándolo de mariposas tiernas
que carguen de colores, senderos eternos
donde seguir caminando en armonía plena.






sábado, 8 de enero de 2011

Poesía presente







Las palabras atraen al pasado. Sin él, no traería ante mí las letras que dedico para deleitar los ojos y la mente. Sin él, no sería quien soy y quien no soy. Sin él, no escribiría, sin él, no cantaría, sin él, no lloraría, ni reiría. No existiría, porque sin el pasado sólo sería presente sin haber vivido, como una mariposa que sólo se plantea transformarse para copular, para actuar por impulsos no razonados que la llevarían al más absoluto de los fracasos.


Las palabras recogen el presente, lo trabajan en armonía de sentimientos, en extraña constancia. Escritas dan a ese rincón, una absoluta plenitud repleta de poesía, esa poesía que sin pensar viven los niños cuando extasiados descubren el aleteo de un pájaro o el sabor del chocolate.

Palabras poetas, encontradas sobre el blanco papel son la cumbre del presente. La mano se desliza, garabatea azul recordando pasados, escribiendo realidades del hoy.

Risas del Roscón de Reyes donde el dulce bizcocho encarna sorpresas que pueden partir un diente. Regados escondidos durante la noche, provocan montañas de colorido papel y fiesta. Champán burbujeante y bombones de negrura aplastante llevan a la boca, sabores enfrentados.

Y las palabras escritas en el presente traen otro funeral, el día después de Reyes. Como hace dos años, no fueron dos, sino tres. Y todavía en la iglesia, el Nacimiento presente. Pero como el aleteo del pájaro o el sabor del chocolate, poesía, poesía, poesía en un triste abrazo.

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viernes, 31 de diciembre de 2010

GRACIAS







Todos hacemos cosas que no sabemos cómo van a ser recibidas. Igual con un desaire, con un simple gracias, o con el más absoluto de los silencios. El camino que cada persona elige ante un detalle por parte de otro es como bien lo dice la palabra muy personal. El miedo a lo desconocido está presente en cada experiencia que iniciamos incluso a pesar de querer realizar eso que estamos haciendo.


Esta Navidad, mi profesora de piano me propuso acompañarla en dos pequeñas salidas para llevar música a momentos complicados y difíciles, en los que las personas que los viven, tienen que esforzarse diariamente, por continuar en la lucha, por seguir adelante con su situación a cuestas.

La sala donde reciben quimioterapia en el hospital fue el primero de los destinos. Allí nos presentamos las dos, ella con un teclado y su saber de muchos años en la música y yo con mi voz. Íbamos vestidas de caseras y nos miraban mientras montábamos el chiringuito. Los villancicos fueron los protagonistas de la velada. Después de cada canción se escuchaban aplausos y los “gracias” sonaban por toda la sala. Los reposabrazos de las butacas eran golpeados siguiendo el compás de la música. Acompañantes y enfermos con veneno entrando por sus venas nos escuchaban. Las enfermeras y auxiliares, nuestras cómplices. Para nuestra sorpresa nos sacó fotos la encargada de comunicación del hospital.

Cuando terminamos se acercó a nosotros una de las enfermeras, solicitando que fuéramos a planta. En el fondo del pasillo, junto a una pequeña sala de espera comencé a cantar. Las puertas de las habitaciones empezaron a abrirse y a salir pacientes. Se me hacía un nudo en la garganta. De una habitación cercana salió un hombre con un pijama de rayas, delgado, con la piel tan blanca como la nieve, arrastrando un perchero del que colgaba un gotero. Decidió acompañarnos.

Mi profesora me miraba y yo la miraba a ella, porque las dos estaban viviendo una experiencia tan gratificante y enriquecedora que sobraban las palabras. Mi nerviosismo, que en ocasiones me juega malas pasadas había desaparecido y mi voz volaba, volaba porque por dentro la que estaba dando las gracias era yo.

Al día siguiente junto con otra alumna de piano formamos un trío. Es alumna de piano como yo, pero con la peculiaridad de que es profesora de violín. Además mi hijo cantó a mi lado. Fuimos a un centro de acogida de niños. Pequeños y mayores nos escuchaban, chiquillos que no pueden convivir con sus padres por diversos motivos, malos tratos, peleas entre los padres, por no poder mantenerlos, por enfermedad… Repartieron unos cascabeles y eran el acompañamiento perfecto. Sus caritas reflejaban la alegría del momento que estaban viviendo.

Alguien nos dijo que les habíamos traído la postal de Navidad en vivo, que era un regalo maravilloso.

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La vida nos arrastra a una muerte segura. Todos la sentiremos algún día, en la tristeza por la marcha de un familiar, en la expresión de la cara de un amigo, en la cara amarga de la enfermedad… Sólo nos queda sacar del día a día la alegría de seguir sintiendo, de sentirnos vivos, como esos enfermos cantando, como esos niños riendo, como tú que ahora vives la muerte de un ser querido y como yo que siento todo eso…

Gracias, por haberme dejado entrar en vuestros corazones a todos y cada uno de vosotros que ahora estáis sufriendo, por haber sido por un momento de paz y de sosiego, de risa, de canción o de llanto. Gracias, gracias, miles de gracias porque me habéis llenado por dentro.

 
 
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Con mis mejores deseos a todos los que me leéis, esperando que se colmen vuestros anhelos.
Un abrazo para todos y Feliz entrada de Año 2011.


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viernes, 24 de diciembre de 2010

A la luz de una vela






Enciende una vela. Porque si. Porque apetece.

Enciende una vela. Para tranquilizar el espíritu.

Enciende una vela y lleva la mirada a la luz que tilila. Entra en la luz. Vive el momento. Deja que te lleve a la quietud perfecta, solo en movimiento por el fuego reflejado en los ojos. Siéntate buscando la relajación de los sentidos. Mantén la espalda derecha y halla la mínima desazón para aplacarla. Siente únicamente el sosiego de dejar a los sentidos libres. Invítales a volar al mirar la luz que te alumbra. Escucha al silencio acompañado por tu pausada respiración. Que te atrape el descanso de tus músculos.

El humo se expande en volutas fantasiosas y tu mirada lo persigue. Disfruta el momento.

La vela. Pequeña luz de elegante atavío. Penetra en la minúscula lumbre encendida para acceder a la cumbre de la paz.

Respira más despacio. Puedes.

A la luz de una vela.



FELIZ NAVIDAD
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sábado, 18 de diciembre de 2010

Profundidad








¿Qué es para mí la escritura? ¿Por qué escribo?


Es un camino para sentir, para trabajar la mente, para detenerme a respirar. Hablando sobre el tema, me doy cuenta de que si no lo hiciera, algo terminaría. Creo que es la única forma que poseo de expresar profundamente ciertas sensaciones y emociones.

Escribir forma parte, es materia plasmada en tinta, es deseo inconformista unido al sentido de continuar en la vida por el camino que transcurre a mi lado, hace pocos años. Creo que es la antítesis de la esperanza, pero no es desespero, porque no espero.

Esperar por imprescindible, la muerte, la que a todos acude, la deseemos o no.

Lees y me preguntas. No. No puedo vivir continuamente reflexionando, ni encontrando respuestas, ni buscando soluciones. Sería como no apreciar todo lo que tengo todavía que disfrutar y sentir.

No puedo vivir, utilizando una expresión ofrecida hace poco, en un buceo constante, pero que sé que necesito sentirme en esa profundidad muchas veces, porque de habitar siempre en la superficie verdaderamente me ahogaría. Sé que me hundiría porque ya no llevo la vida que seguía hace años. Esa vida fluctúa, se transforma, cambia.

No te asustes, aunque puedas sentirme otra persona y te parezca una desconocida cuando me lees. Lo que creo es que siempre llevé esa inquietud dentro, la de expresarme así, la de profundizar así. Quizá no había encontrado el modo de hacerlo o no me había dado cuenta.

Creo que me parezco mucho a esa persona que celebraba su cumpleaños el mismo día que yo y que ella no encontró el camino y eso la hundió, la ahogó.

Sigo siendo la misma persona, la que montando en bici va acojonada, la que gusta de una buena charla, como las que solemos tener.

Porque aunque me sientas distinta, hay cosas que nunca cambian.
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jueves, 9 de diciembre de 2010

Baile y canto










Las hojas, en su otoño bailan.

Cultivando la danza que provoca el viento,
cantan rozando sus frágiles cuerpos
en continuos y crujientes círculos,
desplazándose sobre el frío cemento.

El barrendero, desesperado ante tanta fiesta
inútilmente las persigue.
Corriendo tras ellas, después de sudar un rato
atrapar y arrinconar algunas consigue.

Ahí viene en torbellino, el aire en movimiento
aparcando sus entes el obligado descanso.
Delirio para mí, pero no se lo cuentes,
que igual atraviesa la calle, escoba en mano.

Las hojas continúan el viaje, el espacio volando.





martes, 7 de diciembre de 2010

VIVIR Y MORIR








Hace ya algún tiempo alguien dijo:
"Dejad que los muertos entierren a sus muertos".
Hoy, salvando las distancias y el tiempo,
se me ocurre pensar:
Aquellos que viven muriendo sólo saben
hablar de la muerte. Los que viven la Vida
no hacen otra cosa que no sea cantarle.



Julio Conesa Alegre
del libro
Canto a la vida.


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Y así pasaste tu vida, cantando a la Vida.


Me queda darte las gracias. Por siempre.


Con mucho cariño.







domingo, 5 de diciembre de 2010

Aromas








Tu olor se cruzó ante mí
y se terminaron mezclando los aromas
de olor a limpia lavanda
y dulce perfume de amapola.

La almohada de tu esencia
para una vida huele notas de principio
mientras mi cara roza una piel
en la que el alimento es origen infinito.

Imagen calurosa de aumento de sabores
en la ternura abierta, bajo las caricias
destinadas a encuentros de sudores
cuyo instante termina siendo primicia,
de nariz y tacto, suspiro de olores.
¡Sáciame de ti, compaña mano querida,
y déjame darte esos que anhelas, roces,
para llenarte de redonda y plena vida!