sábado, 10 de mayo de 2008

Caminando


- ¡Niño, tira pa' Linares!
Después de andar tres pasos, cabreado, me di la vuelta. Solté al burro y me senté en el primer poyo que encontré después de salir de la posada.
- ¡Creía que regresábamos a casa!
- Tenemos que seguir.
- ¡Estoy cansado, acabamos de llegar de Baños y ya quieres salir otra vez!
No me dio tiempo a decir más. Mi padre agarró el palo que llevaba encima y sin torcer el gesto, me lo atravesó en el costado. Así al burro por el ronzal y continúe caminando.

4 comentarios:

Isabel dijo...

Eran otros tiempos... que no digo que sea plan de atizarles a los chicos díscolos, sólo que antes se educaba de otra manera. Besos.

erik dijo...

cielos!

celebrador dijo...

El estímulo del palo es un viejo conocido, y no solo el del palo de madera

Nos han asustado con esto, con lo otro y con lo de más allá, para influir en nuestro comportamiento

Hay otra vía, está la zanahoria, por ejemplo la experiencia de felicidad interna es un "caramelo" nada despreciable y cuando lo estás paladeando es muy fácil asumir comportamientos "dulces" con nuestro exterior

Por cierto, quería agradecerte que comentaras en Reyno de Hayas, han sido precisamente esos comentarios en su fase de desarrollo como productito (tarjeta de visita) para Internet, los que han cristalizado su formato final

Un abrazo

Ojo de fuego dijo...

isabel: Todavía hoy se escuchan algunas cosas que alucinas. Y de actualidad. Antes eran más brutos, pero era lo que les enseñaban.
Besos
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erik: No te asustes, jolín. Es un microrelato que he presentado a un concurso, sin más.
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celebrador: Si que nos asustan ciertos comportamientos, ciertas conductas que nos hacen variar nuestra manera de seguir adelante.
El comentario, no se. Ya me pasaré cuando pueda, esta semana estoy un poco liada.
BEsos