miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hoy








El habitáculo es pequeño para mí. Apenas puedo moverme. Hace varias semanas que la situación es insostenible pero algo en mi interior me decía que tenía que esperar. En el fondo estoy a gusto. No paso frío y la comida que me proporcionan es de buena calidad. No puedo quejarme pero he de reconocer que estoy incómoda.


Sé que me quedan pocas horas aquí porque esta noche ha sido terrible. Ella se ha echado a dormir y no me ha dejado sitio. He empezado a revolverme y creo que se ha dado cuenta de que no puede dejarme por más tiempo dentro.

No sé donde estamos. Han salido corriendo y después de tanto trajín estoy un poco cansada pero no consigo dormir. ¡Qué nochecita! Ella respira y empuja, suda y hasta grita aunque creo que la que hace todo eso soy yo. Me resisto. Tengo tantas ansias por salir que me enfrento de cara con la salida. Por el agujero veo gente vestida de color verde. Nos rodean. Me asusto y vuelvo a esconderme. Escucho voces. Que si no sale, que si viene de cara. Para salir estoy yo. No me dejan echar una siesta y encima hay marcianos ahí fuera.

Pues si no es de una manera de otra. Le ponen una bolsa con vete a saber qué y se duerme y después le rajan la barriga. Y de repente me sale medio cuerpo por el boquete que han abierto. No dejan de mirarme. No me termina de molestar porque cada vez me siento más tranquila.

¡Puedo moverme a mis anchas! ¡Me estiro cuanto quiero!

De repente siento una sensación poco menos que caótica. Parece que me ahogo, algo no va bien. Me abren la boca, me la limpian y meten un bastoncillo de algodón por la nariz y ahí viene el aire entrando como un huracán por mis pulmones. Grito de alegría dando la bienvenida a la luz que mis ojos intuyen. Oigo, respiro, vivo.

Cuando mi madre se despierta, me reciben sus brazos. Sus caricias, las primeras que recibo, las primeras. Es su cumpleaños. Veintiseis. Menudo regalo que le hago y menudo me ofrece ella a mí. La vida que me acompañará hasta el último día.

¡Feliz cumpleaños, ama!


¡Feliz cumpleaños, hija mía!
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4 comentarios:

TriniReina dijo...

Un regalo compartido, doble, al par.
Qué hermosa casualidad.

Felicidades a las dos por el alumbramiento y la alumbrada:)

Besos

Estrella Altair dijo...

Ummm

me ha emocionado..

que recurdos.. tan magnificos.. como mujer y madre..

es lindo tener esa posibilidad..

Y ver nacer a tus propios hijos es un lujo que.. exalta mi corazón.

Un besazo en una mañana de lluvia que se agradece.

nara dijo...

que hermoso... me hiciste recordar los 2 momentos mas importantes y bellos de mi vida !!!

un saludo.

Ojo de fuego dijo...

trini: Pues si. Hay casualidades que son ciertamente muy sorprendentes, muchísimo.

Besos
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estrella altair: Es maravilloso ver nacer a los hijos. Es una experiencia que no se olvida por más años que pasen, no se olvidan.

Besos
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nara: Ante todo gracias por tu visita. Tener un hijo es una experiencia ciertamente impactante, extraña y maravillosa al mismo tiempo y muy mágica.

Besos