viernes, 8 de abril de 2011

Cincuenta


Antes reutilizaba todas las bolsas que caían en mis manos. Las almacenaba en dos cajones del armario del balcón. Las de plástico para recoger todos los residuos de desecho, las de papel, como no, para el papel y para llevar libros, ropa y otras cosas de un lado a otro. Pero desde que dejaron de dar bolsas en el supermercado para poder trasladar la compra a casa he tenido que comprar las que te ofrecen allí. Y claro son muy grandes y además mejor sólo usarlas para la compra. Son caras, aunque dicen que te las cambian si se rompen, pero hay que pagar cincuenta céntimos por cada una. Y si de cincuenta hablamos, esas son las que he comprado para echar la basura, los restos orgánicos y los de plásticos y metal. Un rollo de cincuenta bolsas de plástico. Es que sale más baratas que el rollo de treinta.

La que estaba en el cubo se ha llenado y no queda más remedio que cambiarla. La cierro y la saco dejándola apoyada en el suelo del balcón. El rollo es grande. ¡Cómo no, si son cincuenta bolsas! Empiezo a desenrollar y el dichoso rollo se me cae al suelo rodando despavorido por el balcón. La bolsa que pretendía coger sigue sujeta por mi mano agarrada todavía al resto del rollo cuya carrera llega a meta en la terraza del vecino de abajo. ¡Miiiiiééééérrrrcoles!

Mi hijo oye las bendiciones que salen de mi boca y viene corriendo a averiguar que estoy trajinando. Le relato lo sucedido y me pregunta que es lo que voy a hacer. Pues tendré que recoger todas que no me queda otra. Que como lo haré de nuevo. Enrollando. Y empiezo desde la bolsa que se ha quedado en mi mano, una tras otra. Mientras le he estado contando toda la película ha comenzado a reírse y no puede parar. Abre la boca y se carcajea. Casi grita. Se sujeta la tripa mientras me observa y yo exagero más la pantomima que no es tal, pero él continúa riéndose y yo disfruto viéndole reír. ¡Ayyyy! ¡Qué se me cae otra vez! Mientras tanto el rollo va engordando a pesar de que alguna que otra bolsa se ha desmadrado, saliéndose del cauce que me he propuesto.

Llego a pensar que en cualquier momento, el vecino va a salir a la terraza preguntándose qué demonios está moviéndose frente a sus ojos. Le lo cuento a mi hijo y las carcajadas van en aumento, pero el vecino no aparece. Termino la tarea y consigo calmarle pero a la mínima ocasión que tenga seguro que lo cuenta para volverse a reír.

Su risa… ¡¡¡Cuántas alegrías!!!








4 comentarios:

TriniReina dijo...

Pues si yo hubiese estado allí hago como tu hijo, o sea, me tiro de la risa:):) Eso sólo te pasa a ti jajajajaja.
¡Que arte!

Me alegro de vuestra alegría, ya lo sabes.

Besos

Oréadas dijo...

Detallitos de la vida que son para recordar :-)
Ayss las bolsas y el reciclado, si antes había problemas para bajar una, ni te cuento cuando hay que bajar las de plástico, cartón, orgánica y ... demás jeje
Besitos

Estrella Altair dijo...

Los hijos siempre nos dan alegria y vida.. no cabe duda.

Besos

Ojo de fuego dijo...

trini: La verdad es que también me reí bastante. Si lo pienso a veces me pasan coss bastante ridículas y me río de mi misma que nucna viene mal...

Besos
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oréadas: Ahora hay demasiada tangana con el tema. Hasta han puesto las de verduras y pescado... Me parece demasiado.

Besos
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estrella altair: No hay ninguan duda, que su risa atrae muchas alegrías. Me siento genial cuando le veo sonreir y más si la risa se la provoco yo..

Besitos