domingo, 4 de marzo de 2012

Tiempo








El tiempo, meteorológicamente hablando se diría inestable. La lluvia se ha presentado acompañada del viento que la zarandea donde le apetece.  El tendedero, antes pleno de seco frío, carga con ropa húmeda que hay que dejar colgada por distintos lugares de la casa, a la espera de pisarla con la plancha.

Pero el tiempo no es inestable, no. Cargado de nubes, el cielo descarga lo normal por estas fechas. El agua nutriendo a la tierra envuelve con su especial manta campos y pueblos. Quizá sea lo más estable que se pudiera esperar.

Mi tiempo se transforma. Se vuelve distinto, pero sigue siendo pleno. Continúa el día a día. El trabajo, llevar una casa, la vida en familia… Hasta hace muy poco, cuando tenía un ratito libre, lo destinaba a otros menesteres. Horas tocando el piano y navegando por aquí y allá en Internet y escribiendo. Aparte de pasear y hacer yoga.

Ahora mi hijo es el destinatario de la mayor parte de mi tiempo. Todavía es como un duendecillo que salta de piedra en piedra junto al río, inquieto y revoltoso, pero sus obligaciones están creciendo. Casi me alcanza en altura más su mente sólo piensa en jugar y divertirse. Su padre y yo pasamos montones de horas, sentados a su lado, tratando de que entienda las materias que no le queda más remedio que estudiar.

A él le tocan las ciencias, a mí las letras. Bueno, ni mal que vienen porque estamos recordando cientos de cosas enterradas en el fondo del subconsciente.

¡De cuántas maneras puede sentirse uno pleno! Es como que la vida te ofrece caminos por los que dirigirse y cada uno tiene la libertad de decidir si tomarlos o no. Ahora este es el elegido. Espero que en unos años, su responsabilidad gane en sabiduría y que ese duende que pelea por ganar tiempo para gandulerías se percate de lo maravilloso que es el conocimiento en nuestra vida…

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Seguiré actualizando el blog pero con menor cadencia de ritmos…



6 comentarios:

Oréadas dijo...

La vida te hace paradas, y ahora el vagón se ha estacionado en lo primordial que es tu hijo, como ahora el mío se ha quedado parado en devolver lo que se me entregó con tanto amor. Un besito y te esperamos :)

José Manuel dijo...

Las obligaciones diarias, a veces es una forma de vivir el momento poético. La vida tiene sus prioridades y nuestra mente otras.

Besos

TriniReina dijo...

Cada estado de la vida tiene sus tiempos. Unas veces este nos sobra y otras vamos tras el. pero al final todo vuelve a su cauce, las cosas se colocan donde deben y la plenitud del trabajo bien hecho nos rebosa el alma.

Seguro que madura, no te en demasía preocupes por eso.

Besossssss

Juan Pardo dijo...

Todo tiempo vivido con intensidad merece la pena.El tiempo invertido en las cosas más cotidianas va forjando nuestro mañana.Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños...maravilloso tiempo en el que la obligación y el amor se entretejían.Un hermoso texto para reflexionar y evocar.Un abrazo.

Estrella Altair dijo...

Ummm amiga que buenos años en que nuestros hijos son un norte...

son años felices y plenos de vitalidad y alegrias..

dificiles de olvidar..

me encanta esta entrada tanllena de alegría y vida..

un beso amiga..

Ojo de fuego dijo...

oréadas: Seguro que a mí también me tocará coger el mismo vagón que tienes tú ahora.

Besos
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josé manuel: No lo considero una obligación. Es lo que me toca vivir. Y lo hago con amor aunque no niego que a veces es muy cansado...

Besos
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trini: Prefiero sentir que no es que me falte tiempo. Porque tiempo es el mismo. Sólo es dedicarlo a mi hijo, cambiarlo de destino.

Besos, linda.
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juan pardo: Ese tiempo siempre será bien utilizado, sismpre bien usado. Estamos esperando las próximas notas... A ver, a ver...

Besos
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estrella: Ahora mismo es como si fuera un proyecto en curso. Y es por lo que hay que trabajar. Me encantará verle tomar sus riendas pero por ahora hay que ayudarle y mucho...

Besos