sábado, 20 de abril de 2013

Rutinas


 
 
 
 
 
 
 
 
 
Me llama el camino saciado de rutina, con ese vaivén diario que pudiera aburrir pero que produce el efecto contrario.

Bajo el cielo que permite trabajar la tierra después de decenas de días cargados de agua, los labradores persiguen colocar las semillas, como pasado de la verdura pincel del futuro verano. Las huertas son expectante actividad entre tierra removida y estiércol humeante. Hay gallinas sueltas levantando sus patas y acercando sus picos a la tierra a la búsqueda de algún grano o un gusano peleón.

En el tránsito hacia el destino corren los perros y los patinetes, conducidos por niños cuyos padres han de dirigirse raudos ante alguna caída de repente surgida.

El calor llama al paseo y al sosiego. En un banco al que mis pies se aproximan una mujer, cuyas manos se apoyan sobre las piernas, observa al sol con los ojos cerrados. Su cara, dibujada de arrugas refleja tal tamaña tranquilidad que obligo a mis pies circular más despacio. Paso a su lado a menos de dos metros y me sonrío al sentir su sentir en ese momento.

El camino me acerca a un pequeño campo salpicado de margaritas, donde termino agachada para juntar unas pocas flores en un pequeño ramo. Mientras las recojo, una chica montada en bicicleta me mira mientras pasa y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa. Seguro que piensa lo mismo que yo al ver a la mujer sentada en el banco.

Sintiendo pasa la vida, viviendo esa rutina que, maravillosa, sucede a cada momento del día. Esa rutina que nos levanta y nos eleva a continuar sintiendo.

La que lleva a observar un minúsculo jarrón lleno de agua, adornado con botones de oro y margaritas.
 
 
 
 
 
 
 

5 comentarios:

maria del carmen nazer dijo...

Una narración magistral ... y mágica. He recorrido ese campo de margaritas y he podido sentarme al lado de esa mujer grande y recibir ese sol. Porque tu descripción es fantástica.
"En el tránsito hacia el destino corren los perros..." no puede ser más hermoso.
Mil felicitaciones !
Te dejo un ramo de margaritas con besos de miel.

TriniReina dijo...

Muchas veces digo que salirme de la rutina casi siempre es ir a peor. Por eso será que me gusta volver a ella.
Admirar la belleza de lo simple nunca puede hacernos daño.

Besos

José Manuel dijo...

Vivir la rutina es dejarse llevar como una hoja por el viento. La mayoría de las veces es más agradable que salirse de élla.

Besos

Mª José dijo...

No paso por aquí todo lo a menudo que me gustaría pero el tiempo es el que es y mis días deberían tener 34 horas como mínimo...Pero siempre que te visito me en cantan tus entradas.
Feliz semana
Besos de colores

Ojo de fuego dijo...

maría del Carmen: Muchas gracias por tus palabras. Es muy especial saber que llego con mis escritos a tu corazón... Gracias, mil gracias.

Besos
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Trini: Y que maravillosa es esa rutina que nos lleva y nos trae, que nos mantiene yendo hacia un destino, por un camino... Pobres de nosotros, si fuese de otro tipo...

Besos
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José Manuel: Seguro que sí. Saber unirse a ella, beneficia más que aburre... Especial si encontramos el camino en el que nos llene...

Besos
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Mª José: Si ya te digo yo, que también dispongo de un tiempo mucho más limitado que antes... La vida nos lleva y a veces, hay que romper un momento para pararse a disfrutar de otras cosas. Aunque la rutina sea muy buena...

Besos, guapa