sábado, 30 de agosto de 2014

Radar


 
 

 
 
 
 
 
Treinta.
El camino se ralentiza.
Los coches se acercan en sentidos contrarios.
Despacio.
Una bicicleta sobrepasa mis huellas. 
 

El radar, desde la lejanía,
escudriña la lentitud de la marcha,
escondiendo sus intenciones de vaciar mis arcas. 
 

Un gorrión se apea de su vuelo en el borde de la cuneta.
Tengo tiempo de observar
sus patitas deslizándose entre las piedras y la arena.
 
 
Pico y plumas patinando. 

Bendito radar.










 

2 comentarios:

Darilea dijo...

Mira, pues ese radar sirvió para disfrutar del instante. Un besito :)

Azzul. dijo...

Un beso, me ha encantado el relato.
Enhorabuena.