domingo, 9 de octubre de 2011

De cumpleaños





 




Si pedía, era exigente.
Si llamaba, las respuestas evacuaban adioses.
Si mandaba mensajes,
las palabras de vuelta escupían hirientes acusaciones de egoísmo
y de carencia de saber sobre las relaciones humanas.

Encontré una cabida para no pedir,
para no llamar, para no escribir.
Y viví otros derroteros,
esperando hallar esquinas amables
de las que uno mismo es el dueño. 

Aquella relación tan intensa, pasó a ser una tristeza
a la que conseguí darle la importancia que se merecía.
La del presente, sintiendo como tal, el día a día. 

Las confidencias se relegaron
a un “nos vemos”, “estamos”, “hablamos”.
En Navidad, un detalle, a la vuelta de un viaje, otro,
sin pedir nada, sólo por dar, el placer.
Y en los cumpleaños un regalo...
que durante años entregué, días después. 

Este año, como el no ya lo tenía,
decidí insinuar jornadas antes,
 si cabía entregarlo ese mismo día.
Accedieron a mi petición y en armonía de café,
coloqué mi regalo en la mesa y el de otro amigo también. 

Se abrieron los regalos plagados de fotos poetas,
sonrisas de dulce chocolate y palabras completas,
hasta que otras palabras se retorcieron extrañas
en curioso remolino de sucintas amalgamas. 

¿Qué nos exiges?
¿Qué él no cogiera fiesta el día de su cumpleaños?
¿Qué lo no tomará yo,
por casualidad coinciden,
el del cumpleaños de mi hijo?
¿Qué vaya a trabajar el día del mío? 

Aquí se acaba esta poesía.
Que yo conozca,
no vas a trabajar en tu cumpleaños,
cada uno elige lo que hace ese día,
que para algo es su día.

¡Ah!
Y yo no tengo ningún problema
en quedar el día de mi cumpleaños.
Pero fuera del trabajo.





domingo, 25 de septiembre de 2011

De pata






Se unen colores en el tendedero.
Al lavar la colada de color,
con dos pinzas por unidad,
se reúnen uno tras otro.
Calzoncillos de patas cubren
tus noveles intimidades,
presencia son indiscutible
de la vida y la suma de edades.

¡Qué sensación extraña y perfecta verte crecer
al aumentar la talla de tu ropa
y el deseo de saber y también creer!




viernes, 16 de septiembre de 2011

Flotadores

 
 
 

Se obligó a claudicar.

Ante los constantes desasosiegos
y las insistentes melancolías
terminó comprendiendo
entendido como un deseo opaco,
cosas que debía aceptar.

Las palabras, esas uniones de diminutas letras,
antes dueñas de un  mundo perfecto,
se transformaron en sensaciones vacías
mientras sus restos se desplomaban.

Los fonemas que sonaban cual ruiseñor en rama,
tuvieron que agruparse en otros mundos
nombrando distintos versos,
en elección de noveles caminos y senderos.

Como pompas y grandes burbujas,
cuya existencia se basa en reventar una y otra vez.
Por más que insistiera
retornaban al mismo momento y explotaban.

Entonces, para algunos, 
fabricó relaciones de plástico.
El aire siempre ha servido
para no ahogarse y quedar con la cabeza fuera. 
Hay manguitos, flotadores con forma de animal
y también calabazas vacías de pulpa
para sujetar en la cintura.

La pena que le queda
es que no pudo llegar a tiempo
para regalarle uno de esos flotadores
a la que la parió.





domingo, 11 de septiembre de 2011

Verduras y gallinas









Una de mis vecinas se ha ido de vacaciones y me ha pedido un favor. Para mí no es un favor. Ella no lo sabe. Tiene una huerta y algunas gallinas y necesitaba alguien que fuera a darles de comer y a recoger los huevos. Aparte de eso me ha dado vía libre para disponer de todas las verduras que necesite.

Lo que no sabe es que la estoy gozando, porque me siento como cuando era niña e iba al caserío de mis tíos.

Cuando llego al maizal lo están visitando los gorriones pero al sentir mi presencia, huyen volando en grupo. La huerta es una delicia de hierba y hojas verdes sobre la que me paseo. He llenado bolsas de melocotones y peras con los que he preparado mermelada. La de melocotón está deliciosa pero la de pera muchísimo más. Cuando llego a la zona de los tomates, busco los que se comienzan a enrojecer porque como ha llovido en exceso hay que retirarlos para que no se roñen. Les arranco los pimientos y las berenjenas a unas matas pequeñas y entre grandes hojas busco calabacines y calabazas. En un rincón junto al muro he encontrado fresas cuyo sabor es una delicia. También hay espinacas, pero para llegar a ellas, hay que pasar por una zona recién arada y al intentarlo he metido los pies hasta el tobillo. Allí se quedan las espinacas.

A las gallinas hay que echarles una mezcla de maíz y trigo con pienso. Pero antes hay que triturar el maíz que después se junta con el trigo. Por las mañanas, las gallinas están metidas en las cajas poniendo sus huevos y es complicado acercarse. Hoy, alguna valiente me ha dado un picotazo. Pues le he soltado un guantazo. Una gallina coja pone sus huevos en el suelo. También hay una pata que, todos los días, pone un huevo. Blanco como los folios.

En otra zona hay dos ocas, a las que también hay que alimentar. Me he peleado con el recipiente del agua. Hay que abrirlo para llenarlo y después cerrarlo, y darle la vuelta para que el agua quede en un canal del que beben los animales. Es voluminoso y cuesta manejarlo cuando está lleno. Me resulta gracioso que a las gallinas les hayan puesto una olla a presión para el agua. Tiene que pesar un poco, sino se da la vuelta. Se ponen encima y lo tiran todo. También hay que dar de comen a Micifú, el gato. Ponen comida con veneno para los ratones porque Micifú es un señorito, no le gusta salir de caza.

Puerros, zanahorias, lechugas, vainas, manzanas, higos... ¿Y qué más? Salgo sudando pero encantada de haberme sentido como hace treinta años.  Y con mi hijo preguntando... ¿Cómo pueden salirles a las gallinas esos huevos por el culo?





martes, 6 de septiembre de 2011

Verde






Dentro de una manzana sin madurar, conviven
el apabullante bosque en verano,
el musgo pegado a la roca
y la marea bañándose entre algas.

¿Por qué será de ese color la esperanza
si nos transformamos verdes de envidia?
 
Entre el amarillo y el azul, nace.
Es transparencia de diminuta esmeralda
en obscenidad rozando pieles
cuya esencia limpia la pastilla de jabón.
 
Adjetivo que decora ojos y todos,
abundante verde, saciado color.



miércoles, 31 de agosto de 2011

Esas fotos mágicas







Tengo una fotografía curiosa. Mi hijo metido en un cajón. Lleva puesto un pequeño pijama blanco. Tenía dos meses cuando doblé una toalla para que apoyara la cabeza en ella y lo introduje allí. Precioso. Cuando tuve la foto delante me pregunté cual había sido la razón, el impulso para hacerla.

Pocos años después, a escondidas, les quité unas fotos a mis padres, unas fotos en las que aparecía mi cara redonda y pequeña. Cuando yo era una canija, mi padre que era aficionado a la fotografía, tenía equipo de revelado, resultando que tengo más fotos de las que puedo contar. Me acuerdo de que la lavadora vivía en el cuarto de baño y sobre ella montaba todos los trastos y organizaba en la bañera un tenderete con pinzas. En una de aquellas fotos descubrí el misterio de haber metido a mi hijo en el cajón.

Hace poco, ha estado curioseando entre sus fotografías, ya que todavía comparte sus sueños con un elefante que le acompaña desde que nació y quería encontrarle por allí. Resulta que aparte de a su elefante, ha dado con la fotografía del cajón, así que le surgió la misma curiosidad que a mí años atrás.

¿Por qué le había hecho una fotografía metido en un cajón?

Hay fotos que marcan, que enseñan historia, que son como un claro del bosque que resulta tan mágico que quieres que se repita con los que te siguen. Y eso quería que fuera para él esa foto. Que se preguntara por qué, que le hiciera sentirse distinto, que tuviera por detrás una situación que le hiciera pararse y recordar su niñez, todos esos momentos. Su madre metiéndolo en el cajón y su padre sacando la foto.

Como mi foto, con poco más de un año, metida en una papelera del parque.




domingo, 28 de agosto de 2011

Como si...






Como si el tiempo no existiera,
como si la vida se sintiera eterna,
como si los cientos de puentes a cruzar
nunca a derrumbarse fueran.
Como si nunca me hubieran herido,
utilizando de palabras, rotundas flechas.
Uso tiritas que oculten las penas
y en belleza bañadas, pequeñas vendas.
Como si cada instante un inicio fuera,
como si mañana a volver naciera,
abro los ojos a la luz que me observa
pintando el camino de cielo azul turquesa
y de gozoso verde naturaleza.

Pero a veces, el miedo cae a plomo y aterriza,
y continuar la estudiada vereda no puedo,
la escritura de las sombras se aproxima
supurando angustia y algún que otro recelo.
Considero enormemente eficaz la retirada,
logrando el miedo, de las esquinas, hacerse dueño.
Se ahoga de nuevo la pérdida esperanza
y yo a descansar al bosque, regreso.




viernes, 26 de agosto de 2011

Venecia



Bomberos




Por la mañana en el Gran Canal




Góndolas




Pasarela




Santa María de la Salute desde la Plaza de San Marcos




"Boy with frog" en la Dogana di Mare



"nos"


El agua, mojada y líquida, juega a encontrarse, a saberse irrepetible. Flota entre miles de palafitos, separando a las partes de un todo que se amiga por medio de esenciales puentes, puntos de unión entre los lados de los viajeros canales. 

Los canales, esas líneas de vida única, distinta pero cierta, donde las barcas esperan a la entrada de los portales para salir a la aventura, donde las negras góndolas pintan de romanticismo cada esquina, cada perspectiva. Donde las motoras, transportistas de rutina, trasladan sin descanso agua para beber, fruta para comer, hierros con los que montar andamios. Taxis, policías y bomberos también hallan en la motora su movimiento certero por las aguas de la laguna. Los vaporettos, buses de mar, testigos del sinfín de turistas, los trasladan de isla en isla a nuevas visitas.  

Caminantes, las calles se enmascaran de carnaval jugando al escondite, aquí un pozo en medio de una diminuta plaza, allí un comercio con su escaparate adornado de bolsas de macarrones coloristas. Los carros con ruedas, salvadores de lo insalvable, trasiegan entre personas llevando a cada rincón de la ciudad las necesidades básicas y las creadas por los sueños. 

Venecia, donde cada nuevo paso suena mágico porque lo no visto tiene su sitio, siendo la sorpresa el momento en cada segundo, en cada impulso. Tan suya, Venecia.






sábado, 20 de agosto de 2011

Santa Croce



El escritor Stendhal relató en su libro “Nápoles y Florencia: Un viaje a Milán a Reggio”, después de haber viajado a Florencia en 1817:
"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
En 1979, la psiquiatra italiana Graziella Magherini lo consideró un síndrome, al observar más de 100 casos entre turistas y visitantes en Florencia, cuna del Renacimiento.
El síndrome de Stendhal (también denominado Síndrome de Florencia) es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a obras de arte, especialmente cuando éstas son particularmente bellas o están expuestas en grandes cantidades en un mismo lugar.
Más allá de su incidencia clínica como enfermedad psicosomática, el síndrome de Stendhal se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante la acumulación de belleza y la exuberancia del goce artístico.
Información encontrada en Wikipedia.

…………………………………. 



Para juzgar y paladear lo que encontró en aquella iglesia,
tumba de genios, como Miguel Angel, Galileo Galilei, Dante Alighieri, Nicolás Maquiavel, Gioacchino Rossini, Vasari, Lorenzo Ghiberti y Ugo Foscolo,
van las siguientes fotografías.




Puerta principal




Techo de capilla




Tumbas en el suelo




Tumba de Galileo Galilei




Tumba de Miguel Angel Buonarrotti




Tumba de Dante Alighieri






martes, 16 de agosto de 2011

Como de película






El avión es pequeño, destino a casa. Dos filas de primera clase. Estoy sentada en el 4C, asiento.
Desde mi posición le observo. Una camisa azul a rayas y unos pantalones vaqueros. Conversa con una  de las azafatas y con el comandante del vuelo. La puerta del avión, todavía abierta, le sirve de respiradero. Nos avisan por megafonía que en breves instantes despegaremos. Con el vaso de agua que le han ofrecido se traga una pastilla y tranquilidad a sus sesos. O eso creo.
Un pasajero de primera clase pregunta a la azafata qué sucede. Parece que el hombre de la camisa azul tiene miedo a volar y se le suma claustrofobia al asunto. El comandante de la nave le llega a ofrecer entrar en cabina. ¡Entrar en cabina! Vamos todos aviados si le da un yu-yu  ahí dentro.
El asiento situado delante de mí está libre. En vez de sentarse en el que le correspondía, bastante más atrás, lo sitúan allí, 3C. Cierran la puerta y comenzamos a movernos.
Echa los brazos hacia atrás y se sujeta al respaldo del asiento. Mientras el avión se mueve por la pista hasta situarse en la de despegue, gira repetidamente la cabeza hacia atrás mirando el interior del habitáculo en el estamos metidos. Nos detenemos. Hay varios aviones esperando para despegar. Pasan diez minutos. La azafata se levanta y se acerca. El hombre del 3C le dice que quiere bajarse del avión. Avisan de que hay un pasajero que se encuentra mal y que volvemos a la terminal. Regresamos, el pasajero desciende pero ahora resulta que hay que buscar su maleta entre todo el equipaje. Un cuarto de hora más.
El calor nos atrapa. La azafata recorre el interior del avión con una bandeja sobre la que transporta vasos llenos de agua. Han encontrado la dichosa maleta. ¡Vete en coche!
Otro aviso. Se ha estropeado el aire acondicionado. Hay que desembarcar. Todos a la calle bajo la sombra del avión. Otros diez minutos hasta que llega un autobús a recogernos. Entramos por la misma puerta por la que salimos. Tienen que sacar todo el equipaje del avión para llevarlo a otro. Tiempo indeterminado de espera. ¡A saber para cuando nos vamos!
Tres horas más tarde de la hora de salida, fletan otro avión que por fin nos lleva a destino. Al aterrizar se deshace el nudo que tenía en la garganta.
Una de las maletas llega destrozada. Menos mal que tiene forro por dentro y no se ha caído nada.

Llegamos a casa. ¡Amén!




martes, 9 de agosto de 2011

Piedra blanca









Palacio Vecchio, Florencia.



 



Piazza della Signoria, Florencia.



"nos"




El mármol blanco me recuerda al papel, blanco también.
Del que pueden sacarse maravillas con el trabajo diario.
Tan albo que deslumbra. 
Mazo y cincel,
extensiones del artista cuya mente ya sabe
lo que se esconde dentro del bloque calizo. 
Roca destinada a la tibieza de un pecho desnudo
o a la ternura de la cara de un niño.
Fortaleza desbordante en los músculos del héroe,
astuta crueldad en la posesión del poder. 
A golpes y con delicadeza,
se traslada la imaginación a la piedra.









sábado, 6 de agosto de 2011

Santa María della Salute









 "nos"






De los restos de la peste maldita
brota de las aguas un eclesial edificio,
promesa cumplida de los cánticos de un dogo
por las mismas llagas que provocaron su llanto, muerto.
Junto a la Dogana di Mare
un octógono de piedra esculpido.
Diezmada su población, hace Venice las paces
con su perdida salud, della Salute, Virgen nace.
Un corro de espirales adorna las fachadas,
bajo su cúpula redonda duermen cálices de plata,
los que lloraron mis ojos al ver desde el avión,
girando exquisitas volutas de arenas labradas. 
El brillante suelo del interior,
Las pinturas de Tiziano y Tintoretto
la salud que brilla en pos de ella misma
Y el sol que luce de sus adentros.




lunes, 25 de julio de 2011

Poema del ahora







¿Qué es un poema
sino el velo insertado de una razón?
¿Qué es un poema
sino la confirmación de unas emociones,
de unos sentimientos?

¿Qué acierta un poema
sino la confrontación
de todo lo que ha supuesto escribirlo?
¿Qué trae un poema
sino un reposo ante el siguiente paso
cercano en el tiempo? 
Un ahora del pasado, un futuro del presente,
cuyos momentos vacilan en dudas
de mañanas y ayeres. 
Más es un hoy,
en un instante que regurgita letras,
en este yo
que me atrapa…


...............................


Me retiro unos días a descansar





sábado, 23 de julio de 2011

En los inicios







El inicio es mágico
desde cada instante en que se siente.
El inicio es
rumor de agua en movimiento,
roce de hojas bailando con el viento.
Vida envuelta en hierba verde
y un camino a un costado vallado. 
El inicio rezuma humedad
cuya presencia adorna de barro mis zapatos.
Florecillas amarillas, naranjas y moradas
en pequeños montones asoman. 
El inicio es naturaleza,
dueña de sus cambios en nueva y a la vez,
antigua expectativa, que no vieja. 
Acostumbrada novedad
que siempre nutre los inicios
en los que descanso de otras rutinas.



domingo, 17 de julio de 2011

Respirando





Mi primer día de vacaciones. Tomando antibiótico. Me salen los mocos por las orejas. Afónica después de haber hablado demasiado los últimos días. Durmiendo mal porque no puedo respirar por la nariz. Consumiendo ibuprofeno debido al dolor de cabeza.
En casa, resguardada de la lluvia que cae del cielo. Me gusta observar detrás de la ventana y mirar al alero del tejado de enfrente porque se aprecia mejor la cantidad intermitente de agua que riega la tierra. No tengo ganas de escribir poemas. Sólo dejar fluir el ahora mismo y descansar. Estoy apoyada en la silla con ruedas mientras tecleo estas letras. He terminado agotada. Demasiada intensidad en el trabajo.
Últimamente he realizado cambios respecto a mi forma de comportarme con parte de mi entorno, después de descubrir que una contractura muscular que arrastro hace cinco años, se debe a tragar situaciones que me hacen daño. He dejado de ir a correr y ahora me dedico a estirar y relajarme mediante el yoga.
Cada persona es un mundo único, ni mejor ni peor, único e irrepetible. Con los años vas cambiando, para acomodarte a lo que va surgiendo, para ir sobreviviendo junto a gente que va haciendo lo mismo que tú. Cambiando y acomodándose a lo que surge. Uno vive como entiende que lo debe de hacer, no como lo entienden los demás. Pero si algunos comportamientos que otros consideran normales no lo son para uno mismo, es en cierta manera absurdo seguir sonriendo y poniendo buena cara a todas horas.
Hace años no entendía que era lo que me perjudicaba a nivel emocional. Ahora sé lo que es  y creía que con ello, iba a ser suficiente para sobrellevarlo. Pero tener una contractura que después de las últimas pruebas me confirma que todo viene de ahí… Hay veces que no puedo mover el brazo del dolor que tengo en el trapecio y se me duerme la mano.

Creo que no es justo sentirse así, por personas que después de soltarte el chiste diario se quedan tan panchas, por personas que sobrepasan una y otra vez mis límites sin importarles un cuerno como yo me sienta, por personas que duermen con sus conciencias tranquilas…

Soy yo, ante quien me cuenta sus problemas. Soy yo, ante quien me abre su corazón. Soy yo, ante quien no está continuamente tratando de hacer chistes de la información que recibe sobre mí. Soy yo, ante quien me respeta.

He aprendido que un cierto nivel de egoísmo en la vida es bueno, porque darlo todo sin pensar en las consecuencias puede anularte completamente y resultar perjudicial y terriblemente nocivo. Y en este caso este egoísmo sano por el que voy a luchar es el de relacionarme lo menos posible con esos comportamientos que me perjudican, con esos comportamientos dañinos para mi salud.

Recordando esa reflexión de hace tiempo……. NO SOY DIOS NI UNA PIEDRA.




lunes, 11 de julio de 2011

El ahora del viento







El viento roza las ramas del sauce.
Las levanta de su tintineante caída
en forma de racimo,

elevándolas.
 

Juega
con las varas de rosas gladiolos

que crecen en el jardín,

balanceándolas. 

Se introduce
entre las mangas de la camisa sujeta
con pinzas en el tendedero.
Parece que viviera suspendida
en un mundo incorpóreo.

Se cuela por la ventana abierta,

atravesando la estancia hasta encontrar
otro hueco transparente a sus embates.

Viaja constante,
paladeando todos sus devaneos
mientras penetra a través
de las perfectas travesuras
que utiliza para sentirse único.

El viento sabe, ese si que sabe…


lunes, 4 de julio de 2011

Transcurrir






Viaja el tiempo.
Suena todo lo que transcurre.

Cuando me relajo es como si un diario
estuviera releyendo lo vivido
durante el día. 

Línea a línea se escriben las historias
aunque se sientan
lejanas o cercanas,
a término o inconclusas. 

A cada instante los detalles mutan
en torbellinos o en remansos,
donde las flores y las zarzas
conviven danzando entre espinos. 

Ni la muerte convierte en finito,
las alegrías y los suspiros
hasta que no llega el propio óbito,
la vivencia más contradictoria. 

El cuerpo se apaga
mientras deseas que el camino continúe.