
Y se vistieron para la misa de 12, Lucía y José,
junto a María y su perrito, atado con un cordel.
De llegada a la iglesia, abrió el sacristán
que le negó la entrada, al perrito llamado Tristán.
Junto a la monumental puerta, una verja subía
y allí, sentado y triste, allí lo dejó María.
Rabioso quedó Tristán, ladrando al personaje
que subiendo las escaleras, levantaba sus ropajes.
El cordel mordido entre dientes, terminó deshecho en el suelo,
salió el perrito corriendo y le agarró de los huevos.
Satisfecho y contento, abandonó al sacristán
Satisfecho y contento, abandonó al sacristán
y en la santa iglesia entró, el perrito llamado Tristán.
4 comentarios:
ja, ja, ja
No esta mal Tristan.
Menudo el perrito... eso es caracter. Besos.
Vaya con Tristán, es de armas tomar:):)
Me ha encantado el poema. Es divertido y musical.
Besos
tony: Si te digo la verdad, después de escribirlo me sorprendió, me chocó, porque no esperaba semejante historieta...
Besos
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isabel: Di que si. Que tiene mal genio, el bichín...
Besos
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trini: Ja, ja, ja. A mí también me gustó el resultado. Me recuerda a esas canciones que suenan a pueblo de la época de mi padre...
Besitos
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