Después de
muchos años temblando al tocar el piano en público, esa sensación no
desaparece. En el último ensayo, mis manos continuaron mostrándose autónomas,
increíblemente independientes del resto de mi cuerpo. Esquivas, conseguí tocar
lo que buenamente pude.
Cuando regresé
al coche para volver a casa, grité. Sí. Grité y lloré, harta de que la
situación se reitere. Harta de que en diez años, sólo haya podido interpretar
en público como deseo hacerlo en contadas ocasiones. Cansada de sentir que
albergo un “alien” que perverso, se venga a hacer cargo y quitando mi libertad,
la robé sin recibir un castigo.
Grité hasta
agotarme, mientras la rabia me mojaba la piel, preguntándome una vez más que
debía de hacer para quitarme ese miedo escénico.
El día de la
audición oficial fue extraño pero absolutamente esclarecedor. Comencé a tocar
con decisión y sin partitura, conocedora del trabajo realizado, pero
aproximadamente interpretada la mitad de la pieza, por un instante pasó por mi
cabeza un pensamiento. No podía estar saliendo tan bien, no podía.
Ese instante fue
el comienzo del desastre, porque mis manos comenzaron a transformarse como los
hombres lobo en noche de luna llena y se tornaron fuera de control.
Al terminar,
según volvía al lugar donde estaba antes de dirigirme hacia el piano, mi mente
se abrió y entendí que no era miedo escénico lo que creía serlo. Después de
tantos años me doy cuenta de que me hago pequeña, de que no me concedo el
derecho de interpretar cómo sé hacerlo. Que incluso no me doy el derecho a
equivocarme. Que me he cuestionado el hecho de salirme bien, dejando a la niña
pequeña que salga cuando no ha de hacerlo, dejándola vivir con las manos atadas
a ese temblor.
Hoy, aquí,
ahora, tomo las riendas y me concedo el derecho. Porque ese derecho me
pertenece, es mío, intransferible y dueño de un interior que me llena.
Toda una vida
que sentir, toda una vida que vivir, toda una vida con derecho a equivocarme y
con unas manos libres de sogas absurdas. Dueñas del derecho que poseo y de la
luz que les pertenece.







